Robyn Denholm, una mentora para Musk en Tesla

Robyn Denholm, la nueva presidenta, es la antítesis convencional del excéntrico CEO de la compañía

Robyn Denholm, presidenta de Tesla.
Robyn Denholm, presidenta de Tesla.

La pasión por los coches le viene de familia, aunque seguramente sus padres, dueños de una estación de servicio, no se imaginaran que llegaría tan lejos. Robyn M. Denholm (27 de mayo de 1963, Milperra, Australia) es desde hace unos días la presidenta de Tesla, la encargada de vigilar al díscolo Elon Musk, el fundador de la compañía, de quien hereda el cargo y que sigue como consejero delegado.

 

Se ve con escepticismo que pueda domar al creador del fabricante de coches eléctricos, aunque Denholm ha dedicado bastante tiempo a tutelar nuevos talentos. Ya estaba en el consejo, y el cambio es fruto de un acuerdo de tres años con la SEC estadounidense, que consideró hace unas semanas que las palabras de Musk asegurando que disponía de financiación para sacar a Tesla de Bolsa constituían fraude.

Casada y con hijos –dice que la clave para compaginar altos puestos de dirección con su cuidado está en “externalizar” todo lo que sea posible–, Denholm empezó a trabajar de pequeña, en la gasolinera familiar: allí, empezó a interesarse por los coches: los reparaba, bombeaba gasolina y manejaba las cuentas.

Se licenció en Economía por la Universidad de Sídney y trabajó cinco años como contable para Arthur Andersen, a los que siguieron siete en Toyota Australia. Luego continuó más de una década en la empresa informática Sun Microsystems –comprada por Oracle–: primero en Australia y luego en Colorado (EE UU). Iba para dos años, pero acabó quedándose. En 2007 entró en la multinacional estadounidense de redes y seguridad Juniper Net­works, en funciones de finanzas y operaciones. Allí llegó a ser directora financiera, y se le atribuye una gran mejora de los ingresos y la reestructuración de la empresa.

En 2014, Denholm se convirtió en consejera no ejecutiva de Tesla. Recuerda que justo había encargado un Model S (va por el tercer Tesla), y que ese puesto se ajustaba perfectamente a su pasión por la innovación, la energía y los coches. También resaltaba hace unos meses, en una entrevista para el portal de la firma cazatalentos Odgers Berndtson, que Tesla es una empresa dirigida por su fundador, y que en su carrera eso es algo habitual.

En 2016 fue nombrada miembro del consejo de auditoría de la empresa suiza de generación de energía eléctrica y automatización industrial ABB. En agosto dejó Juniper con la intención de pasar un año sabático viajando y jugando al golf con su marido, pero a principios de 2017 le ofrecieron ser directora de operaciones de Telstra, la teleco más grande de Australia, por lo que empezó a cruzar el océano habitualmente (y dejó el consejo de ABB).

En Telstra ha tenido que enfrentarse a una caída bursátil del 6% en los últimos 12 meses, provocada por el temor de los accionistas a la bajada del dividendo y el malestar con los sueldos de los directivos.El pasado octubre la nombraron además directora financiera y jefa de estrategia; seguramente no se esperaba entonces Denholm que Musk se metiera en un lío más grande que nunca. En todo caso, dado sus recién inaugurados cargos en Telstra, su nombramiento como presidenta de Tesla el pasado día 9 fue algo inesperado (se habló también para el puesto de su compañero de consejo James Murdoch). Denholm compaginará ambas compañías durante seis meses.

Los analistas la han acusado, como al resto de consejeros, de ser muy blandos con los excesos verbales de Musk. En los cuatro años que lleva en el consejo de Tesla, en los que también ha sido presidenta del comité de auditoría, Denholm ha recibido 17 millones de dólares en opciones sobre acciones. El año pasado cobró 1,5 millones de dólares de Tesltra.

Los expertos destacan, paradójicamente, que su discurso sobre liderazgo es bastante convencional. Dice, por ejemplo, que las claves son las “cuatro C, de curioso, conexión, creatividad y coraje: hay que ser curioso por cómo funciona el mundo, conectar con la gente, entenderles, y ser creativo para resolver problemas. Y tener coraje para dar pasos adelante”.

Robyn Denholm carece de cuenta de Twitter. Quizás algo de aburrimiento, o tranquilidad, es precisamente lo que necesita Tesla: es lo que acababa de pedir el multimillonario accionista Ron Baron a Musk. En todo caso, la elevada cotización de la compañía –se recuperó muy pronto del golpe de la SEC– respecto a sus resultados fundamentales –suele tener pérdidas, aunque en el último trimestre haya conseguido beneficios– se debe a la enorme confianza de los inversores en Musk, pese a todos sus calentones.

Otro de los problemas que deberá ayudar a resolver la nueva presidenta de Tesla son los continuos retrasos en los planes de producción de la compañía. Seguramente en la estación de servicio de Milperra esa clase de retrasos ni siquiera eran planteables: ha llegado la hora de la disciplina en el juguete de Elon Musk.

Una contable en un sector muy masculino

En 1999, Robyn Denholm hizo un máster en Comercio por la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia). Es miembro del Instituto de Contables Públicos de Australia y Nueva Zelanda.

Preguntada por la escasa diversidad de sexos en las tecnológicas, Denholm cree que se debe a que las mujeres no consideran el sector como una buena opción profesional, pero que eso cambiará con el tiempo, como ha ocurrido en otras industrias.

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