Francia y Alemania piden a China que elimine las trabas a las empresas extranjeras

Denuncian en una carta la obligatoriedad de crear empresas mixtas en la automoción

También acusan al gigante asiático de dar un trato de favor a las empresas públicas

Los presidentes de Francia y Alemania, Enmanuel Macron y Angela Merkel
Los presidentes de Francia y Alemania, Enmanuel Macron y Angela Merkel

Los vetos impuestos a los inversores chinos para que compren empresas en Alemania (Fujian Grand Chip con la compra de Aixtron) o en Francia (Casil Europe con la adquisición del Aeropuerto de Toulouse) han tenido una respuesta directa por parte de las autoridades del gigante asiático: trabas e impedimentos para que las empresas europeas puedan operar en las mismas condiciones que las locales. A los vetos impuestos por los países europeos se ha unido también el cambio de política económica en China, donde el sector exterior ha perdido fuerza en favor de la economía doméstica, toda vez que los grandes grupos inversores como Wanda, Fosun o HNA han visto como se cerraba el grifo del crédito por parte del Estado.

En este contexto, los embajadores de Francia y Alemania en China, Jean-Maurice Ripert y Clemens von Goetze, han remitido una carta al Ejecutivo chino, a la que ha tenido acceso Efe, en la que exigen que permita a las empresas extranjeras “operar en las mismas condiciones que las locales”. En la misiva, ambos mandatarios, aunque reconocen que China ha dado pasos prometedores en el proceso de apertura económico, consideran imprescindible que se amplíe y reflejan el malestar ante el diferente trato que reciben las empresas extranjeras en China. “Se necesita hacer más, ya que las empresas europeas deberían tener las mismas oportunidades en China”, recalcan.

En concreto plantean una serie de medidas que, a su juicio, son imprescindibles para que el trato sea igual. Y las tres más importantes son la de eliminar la obligación a las firmas extranjeras de que creen empresas mixtas con socios locales para operar en suelo chino, especialmente en el sector de la automoción; la fijación de una serie de normativas en materia de ciberseguridad de estricto cumplimiento para las empresas foráneas a las que las locales no están sometidas, y la eliminación del trato de favor a las empresas públicas locales por las “desventajas competitivas” que acarrean.

Estas reivindicaciones se unen a la realizada por la Comisaria Europea de Competencia, Margrethe Vestager, en noviembre del año pasado, cuando exigió "reciprocidad" en el trato a empresas extranjeras para que fueran "los mejores productos y servicios los que ganen, y no las compañías que cuentan con el mayor apoyo gubernamental".

Los dos embajadores recuerdan en la misiva la importancia de normalizar las relaciones comerciales con la Unión Europea, toda vez que la guerra comercial entre EE UU y China puede pasar factura a su economía. China es el mayor vendedor de bienes a Europa, con un 20% de las importaciones (375.000 millones de euros), mientras que es el segundo mayor comprador de bienes, con un 10% de las exportaciones (197.919 millones), por detras de EE UU, con un 20% (376.000 millones).

La guerra comercial entre China y EE UU arrancó a principios de julio desde el pasado 1 de julio, cuando el Ejecutivo de Trump impuso aranceles de 34.000 millones de dólares a la importación de determinados bienes chinos (aluminio, metal o tecnología). La respuesta desde China llegó cinco días después con la imposición de tarifas a la importación de bienes de EE UU por un importe similar.

El siguiente paso se produjo el 23 de agosto, cuando EE UU sumó otros 16.000 millones a los aranceles a las importaciones chinas y la respuesta por parte de las autoridades del gigante asiático fue similar hasta llegar a los 50.000 millones. El tercer episodio, por ahora, se produjo a finales de septiembre, cuando Trump elevó los aranceles a 200.000 millones y Chin, sin embargo, solo lo dejó en 60.000 millones.