Castellón, una ciudad abierta al mar, arropada por colinas y parajes naturales

Es una gran desconocida de la costa mediterránea

Un lugar para disfrutar durante todo el año

Islas Columbretes
Vista de las islas Columbretes.

Eclipsada por el fulgor de Valencia, su poderosa vecina, Castellón de la Plana es una ciudad poco conocida como destino turístico. Abierta al Mediterráneo pero también protegida por colinas y parajes naturales, la capital de la comarca de la Plana Baja y de la provincia de Castellón ofrece un casco antiguo monumental y un clima privilegiado que invita a disfrutarla durante todo el año.

El Castell Vell, en el cerro de la Magdalena, es el vestigio de lo que en su día fue el origen del municipio de Castellón, un lugar de grandes batallas durante la Reconquista. Tras la conquista cristiana, se excavó una ermita en la roca; el pórtico y la capilla son del siglo XV. Más tarde, la ciudad se trasladó a la fértil llanura, cercana al mar, su emplazamiento actual.

La concatedral y la torre campanario.
La concatedral y la torre campanario.

Como atraídos por un imán, cualquier paseo por Castellón lleva a los visitantes a la torre campanario de El Fadrí, ubicada en la plaza Mayor, junto a la concatedral de Santa María y el ayuntamiento. Se trata de una peculiar torre, de casi 60 metros de altura y estructura octogonal, separada de la concatedral, pero ubicada justo a su lado.

Sus 11 campanas, que anunciaban los más importantes acontecimientos, la convirtieron en todo un símbolo para los castellonenses. Ambas edificaciones son representativas del llamado gótico mediterráneo. Cerca se encuentra la plaza Puerta del Sol, con su histórico casino.

Parques como el de Rafalafena, Litoral o Ribalta son rincones que aportan bocanadas de aire fresco en pleno bullicio del centro

Castellón de la Plana es una ciudad con muchos parques. Es una delicia recorrerla haciendo paradas en algunos de ellos, como el de Rafalafena, Litoral o Ribalta, rincones que aportan bocanadas de aire fresco en pleno bullicio del centro. Otro gran atractivo es el arte, un elemento añadido que da especial realce a los paseos urbanos. Desde los años ochenta del siglo pasado, se ha ido conformando un auténtico museo escultórico al aire libre, con casi 200 obras que se exhiben por toda la ciudad.

La puerta al mar de Castellón es El Grao, a cuatro kilómetros del centro. Este distrito acoge el Real Club Náutico, el puerto pesquero y el comercial. Desde El Grao parten los barcos que realizan excursiones por la costa y llegan las embarcaciones que nutren de pescado la cocina castellonense. Precisamente, para ensalzar la oferta culinaria de la ciudad, que aúna mar, montaña y huerta, se acaba de lanzar la marca Castelló Gastronómico.

El puerto durante el festival de veleros de época.
El puerto durante el festival de veleros de época.

La capital castellonense también dispone de cuatro kilómetros de playas, entre El Grao y Benicàssim. Y en sus alrededores puede disfrutarse de parajes naturales como el desierto de Las Palmas. Este extenso parque natural, salpicado de castillos y ermitas entre pinares y palmitos, es ideal para hacer senderismo.

Una joya marina

Otro de los reclamos turísticos de Castellón son las islas Columbretes, que este año cumplen tres décadas desde su reconocimiento como Reserva Natural. La mayor de estas islas de origen volcánico y la única que se visita, Illa Grossa, está integrada por diversos cráteres encadenados. A su pequeño puerto, Tofiño, llegan las embarcaciones del Grao. Es un paraíso natural para los amantes del buceo y de la fauna marina.

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