¿Puede fracasar la apuesta por la inteligencia artificial?

Es imprescindible solventar déficits en alta velocidad, almacenaje en la nube y habilidades en los profesionales

¿Puede fracasar la apuesta por la inteligencia artificial?

La moda tecnológica ahora se llama inteligencia artificial (IA), omnipresente en los medios de comunicación. Sin embargo, de acuerdo con Google Trends, actualmente el término inteligencia artificial se menciona en la sección española de la web la mitad de lo que se hacía en 2004. En nuestra aproximación a las perspectivas de desarrollo de la IA, hemos de considerar que ya antes levantó similares expectativas y después evaluar si se dan las condiciones para que se hagan realidad.

Son muchos los informes que se publican continuamente estimando el impacto a largo y mediano plazo de la IA. Uno de los estudios más completos fue publicado hace algunas semanas por McKinsey Global Institute (MGI). El documento concluye que la IA tiene el potencial de proporcionar una actividad económica global adicional de alrededor de 13.000 millones de dólares para 2030.

El estudio de MGI no se queda en previsiones de impacto de la IA, advierte también del riesgo que la adopción de la IA pudiera no ser igual en todos los territorios, empresas y personas, dando lugar a una triple brecha. Por un lado, los países que lideran el desarrollo de IA podrían capturar un 20%-25% adicional de beneficios económicos en comparación con el presente, mientras que las economías emergentes solo obtendrían un 5%-15% adicional. Por otro lado, para el año 2030, las empresas líderes en adoptar la IA duplicarían su flujo de caja, entretanto que las más rezagadas sufrirían una disminución de alrededor del 20% en su flujo de efectivo. Finalmente, los perfiles del trabajo caracterizados por actividades repetitivas podrían experimentar la mayor disminución dentro del empleo total, pasando a ser tan solo el 30% en 2030 frente al 40% actual.

Caer en el lado negativo de algunas de las tres potenciales brechas identificadas dentro del desarrollo de la inteligencia artificial no se deberá tanto a las acciones que se desarrollen en el futuro como a las que no ejecutemos en el presente. Las causas por la que países, empresas y personas pueden verse abocados a una posición de subdesarrollo social o económico en la próxima década se están gestando hoy. Comenzando con la brecha territorial, la AI no puede ser adoptada si no tiene acceso a ella. Por tanto, una condición previa para el desarrollo de la IA de un modo equilibrado es disponer de un nivel homogéneo de conectividad en toda geografía. Desafortunadamente, estamos lejos de ello. La Comisión de Banda Ancha de la ONU advierte continuamente sobre la carencia de acceso a banda ancha en los países en desarrollo, estimando que la mitad de la población mundial no tiene conectividad a internet. En España, de acuerdo con los últimos datos de cobertura de la Administración, existe un diferencia porcentual de 10 puntos en la cobertura 4G y más de 30 puntos en el acceso a redes de capacidad de 100 Mbps entre el entorno rural y la media nacional.

El origen de una potencial brecha entre empresas en la aplicación de la IA residirá en causas adicionales a la falta de conectividad, incorporada ya a todas las compañías del mundo desarrollado. No existe aún conciencia generalizada que las redes de telecomunicaciones no son las únicas infraestructuras requeridas en una economía basada en los datos. La adopción de la IA será casi imposible para aquellas empresas que no tengan acceso a capacidades de almacenamiento y procesamiento, y ante nuestros ojos vemos cómo se está formando una brecha en la adopción de los servicios en la nube que proporcionan estas capacidades computacionales. Mientras que casi el 45% de las grandes empresas en Europa han adoptado servicios en la nube, menos del 20% de las pymes lo han hecho. Finalmente, las semillas para la brecha de la IA entre los futuros trabajadores vendrá derivada de la actual en la adopción de habilidades digitales. Más del 40% de los trabajadores de la UE carecen de las habilidades digitales básicas. Hay pocos riesgos apostando que estos, los trabajadores de este grupo, serán los perdedores en la revolución de la inteligencia artificial, siempre que no se tomen medidas para evitarlo.

Existe un frenesí entre los Estados, especialmente entre los líderes de la economía, en el desarrollo de estrategias de IA que aceleren la obtención de sus innegables beneficios. Sin embargo, estos planes podrían estar condenados al fracaso. La falta de cimientos sólidos arruina incluso la mansión más espléndida y la IA no podrá florecer sin el despliegue previo y adopción simultánea de la conectividad de alta velocidad, las infraestructuras de almacenamiento y procesamiento en la nube y las habilidades digitales. Unos cimientos que aún están por establecer de modo sólido en casi todas las economías mundiales.

 Emilio García García es Expresidente de Astic

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