Ricardo Rivero: “Hoy más que nunca se necesita el humanismo"

Rivero es rector de la Universidad de Salamanca, campus celebra este año su 800 aniversario

Cree que todo lo que emana de la universidad debe ser útil a la sociedad

Universidades
Ricardo Rivero, rector de la Universidad de Salamanca.

La semana pasada recibió en la Universidad de Salamanca a 600 rectores de 26 países, que asistieron al IV Encuentro Internacional de Rectores Universia, un foro de debate organizado por el Banco Santander y la plataforma Universia, que preside Ana Botín. Además de esta cita, que se viene celebrando desde 2005 cada cinco años [la siguiente será en 2023 en Buenos Aires], Ricardo Rivero (Palencia, 1969), catedrático de Derecho Administrativo y rector desde noviembre de 2017, tiene la agenda de este año colapsada con otro acontecimiento importante: la Universidad de Salamanca celebra su 800 aniversario, siendo uno de los cinco campus, junto a Bolonia, Oxford, Cambridge y Paris, más antiguos de Europa.

¿Sobre qué pilares se ha sostenido la universidad para cumplir 800 años?

Sobre los pilares del humanismo, en la vocación de formar a personas, en primer lugar para la Corona, más tarde para el Estado y ahora para la sociedad. El éxito también se debe a esa formación y a la producción científica. Tal y como se refleja en la fachada principal del edificio de las Escuelas Mayores, de estilo plateresco, hay unos principios de superación y de valores.

En los debates entre los rectores se hizo hincapié en la necesidad de recuperar el humanismo en las aulas.

Nunca hemos perdido esos valores. Ahora nos deslumbra la tecnología, el 4.0, el big data... todo esto es útil si se gestiona de forma adecuada, porque todo tiene sus riesgos y abusos. Existe una opinión crítica para que los derechos estén garantizados, para que la digitalización no se haga a costa del modelo de libertad de los seres humanos. Hoy más que nunca se necesita el humanismo.

Otra conclusión de la Declaración de Salamanca tiene que ver con la adaptación del profesorado a los cambios tecnológicos.

La mayoría de los profesores combinan las nuevas tecnologías y las plataformas para interaccionar y complementar las enseñanzas presenciales. El tránsito de la generación analógica a la digital se ha asumido sin resistencia. De hecho, la faceta docente no es una tarea a mejorar, aunque se puede ir más allá con las redes sociales, con los contenidos audiovisuales. Combinamos la tradición con la tecnología.

También se destacó la importancia de generar una investigación útil a la sociedad.

Con la ayuda de fondos europeos y de iniciativas estatales se desarrollan proyectos vinculados a la sociedad. Las líneas de financiación van en esta línea, pero queda mucho por hacer. Es importante contar con indicadores de medición para ver cómo se está beneficiando el entorno socio económico de los proyectos de investigación generados en la universidad. Los resultados deben ir orientados al beneficio de la sociedad.

Hay quien piensa que la universidad vive de espaldas a la sociedad.

Hay que acabar con la torre de marfil, que la universidad solo viva para la ciencia pura, lo que debe hacer es abrirse y ponerse al servicio de la sociedad. Hay que trabajar en un entorno en red y colaborar con el resto de actores. Hay que trabajar en esta línea.

¿Qué demandan hoy los alumnos?

Conocimiento, habilidades y competencias, pero ahora también se necesitan skills, esto significa talento, colaboración, curiosidad, trabajo en equipo, versatilidad... Los trabajos van a transformarse en las próximas décadas, y las actitudes ante el cambio y la innovación son importantes. Los tiempos de cambio son más acelerados, y todo profesional se va a tener que plantear reinventar su entorno profesional. Cuanto más transversales sean será mucho mejor, en cuanto a competencias, talento y versatilidad, capacidad y expresión oral, análisis, pensamiento crítico y humanismo clásico. Es el mismo foco que planteó hace 800 años esta universidad a sus estudiantes.

La polémica generada por el caso del máster de Cristina Cifuentes, ¿ha puesto en entredicho el trabajo de las universidades?

Es injusto poner en cuestión el excelente trabajo que profesores y estudiantes hacen cada día. En las universidades hay controles internos y externos que garantizan que eso ocurra. Por el comportamiento de una persona o de otra institución es injusto que se generalice, aunque es necesario señalar los errores puntuales del sistema.

Desde que las universidades fueron transferidas del Estado a las comunidades autónomas, ¿no existe una mayor politización de las universidades?

Dependemos de Castilla y León, y tenemos un control y un marco normativo interno, y puedo decir que en los 25 años que llevo como profesor de la Universidad de Salamanca no he visto ninguna injerencia política. Nunca he sentido afán de control político, lo que sí se hacen son controles de calidad, controles sobre la oferta académica, pero eso no es política.

¿La educación debería ser un asunto de Estado?

España tiene desde 1978 un modelo descentralizado, y una centralización de las competencias educativas implicaría un replanteamiento del modelo de Estado, aunque sería conveniente una mayor coordinación de las decisiones autonómicas. Esto no significa sustraer competencias a las comunidades sino una mayor coordinación central. Lo que es fundamental es impulsar la digitalización y los valores humanistas, orientar la investigación a la innovación y a la transferencia de conocimiento, pero haciendo que sea útil a largo plazo, evitando la perspectiva cortoplacista y contribuir al desarrollo territorial.                                                                                                          

¿Los cimientos de la universidad están asentados para aguantar otros 800 años?

Salamanca ha superado guerras, crisis profundas, el destierro de Unamuno... Esta institución lo ha superado todo y está preparada para otros 800 años. La universidad pública es un activo valioso, que hay que mejorar entre todos.

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