El Gobierno sabe que las recetas del Banco de España funcionan

La clave para mantener el crecimiento de un país está en una economía flexible y bien saneada

La economía española es hoy una máquina robusta que avanza a buen ritmo y tiene, a priori, potencial para seguir haciéndolo en los próximos años. Un motor engrasado y solvente, impulsado por la aportación positiva de la demanda externa, un superávit por cuenta corriente de en torno a dos puntos, una reducción del apalancamiento en el sector privado, un mercado de crédito que vuelve a funcionar y una inflación moderada. Sin embargo, toda locomotora necesita no solo combustible, sino también reparaciones y recambios. Lo recordaba ayer (en otros términos) el Banco de España al publicar su informe anual sobre la economía española, en el que insiste en que hay que seguir aplicando reformas y resolviendo problemas para evitar un frenazo en el crecimiento de la actividad.

El diagnóstico del Banco de España no es nuevo, tampoco son nuevas sus recetas. No pueden serlo cuando se refieren a rigideces y riesgos que la economía española lleva arrastrando desde hace tiempo. El organismo señala el elevado nivel de deuda pública y el envejecimiento de la población como las dos principales amenazas para el futuro, además del desempleo, las ineficiencias del mercado laboral y la baja productividad. La lista de tareas imprescindibles que el Gobierno debería acometer con firmeza para hacer frente a esas sombras comienza con el cumplimiento de los objetivos de consolidación fiscal y con la mejora de las finanzas públicas, pero incluye también el aumento de ingresos públicos vía IVA, una reforma para meter en cintura la financiación autonómica, un modelo de pensiones sostenible y un retraso de la edad de jubilación.

Nada de ello es nuevo tampoco para un Gobierno que sabe perfectamente, lo ha demostrado ya, que la clave del crecimiento de un país está en una economía flexible y saneada, así como en una austeridad bien entendida. Otra cosa es que defender esa visión y aplicarla a través de una nueva batería de reformas sea muy difícil para un Ejecutivo en minoría, y resulte incómodo y costoso en una coyuntura teñida ya, lamentablemente, de cálculos y de guiños electorales.

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