El regulador ambiental de EE UU da las llaves a la industria del motor

Planea deshacerse de una normativa de Obama que pretendía multiplicar la eficiencia de combustible de los vehículos

Clavija de enchufe de un coche eléctrico Chevrolet Volt.
Clavija de enchufe de un coche eléctrico Chevrolet Volt.

Scott Pruitt, responsable de la Agencia de Protección Ambiental, dijo el lunes que planea deshacerse de una normativa de Obama para multiplicar la eficiencia de combustible de los vehículos. Los reguladores que se someten a los regulados pueden causar un colapso.

Pruitt no esconde sus preferencias. El martes, hizo declaraciones en una sesión informativa, entre el presidente de la asociación de concesionarios y los jefes de dos importantes lobbys de la industria. El mensaje del cuarteto se basaba en el miedo: mantener los objetivos actuales haría que los coches fueran demasiado caros para demasiada gente y, por tanto, reduciría las ventas, los beneficios y la inversión en vehículos más eficientes. Eso dejaría los coches más viejos y más contaminantes en la carretera.

Este alarmismo ignora bastante la realidad. Los principales fabricantes han prometido 90.000 millones de dólares para vehículos eléctricos e híbridos. Ford por sí solo va a gastar 11.000 millones. Y General Motors apuesta por las cero emisiones a largo plazo.

Vale, la batería necesaria para tener un coche completamente eléctrico supone 20.000 dólares de coste extra. Pero eso bajará con el tiempo a medida que la tecnología mejore. Y en el ínterin hay opciones más baratas, aunque menos eficaces a nivel ambiental. La batería de 48 voltios, por ejemplo, puede mejorar la eficiencia de un vehículo de gasolina hasta en un 20%, y solo sube 1.500 dólares como mucho el precio de venta.

La opción de Pruitt también corre el riesgo de reforzar la confianza de los fabricantes de EE UU en los camiones y deportivos de gasolina, que representaron casi el 80% de los vehículos vendidos tanto por Ford como por GM en el primer trimestre. Eso los deja potencialmente expuestos a las subidas de la gasolina o una recesión.

El trabajo de un regulador debería consistir en ayudar a las empresas a esquivar tales problemas. Pruitt, en cambio, se inclina ante ellas. En el sector financiero, la Oficina de Supervisión Económica intentó algo similar hace más de una década, refiriéndose a la caja Washington Mutual o el banco IndyMac como clientes. Como pronto descubrió, eso puede dar lugar a un crac.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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