Lugares para dejarse llevar

Escapadas para vivir en verde o sentirse como pez en el agua

Ver la vida desde una azotea o tumbarse a contar estrellas

viajes

No es nueva, pero sí una tendencia en alza que no tiene horarios ni fecha en el calendario y se puede practicar en cualquier sitio del mundo. Se conoce como slow travel, algo así como viaja a tu aire y déjate llevar, disfrutando el momento, el sitio y la compañía –y no solo la que marcha contigo, también la que te encuentres por el camino–, descubriendo nuevos perfumes, sabores, culturas y tradiciones.

Diga adiós a las prisas y al wifi, por un rato o por unos días; desconecte para que cuando vuelva a casa no necesite recuperarse de su viaje de vacaciones. No hace falta salir de España para descubrir una playa virgen, tumbarse al sol –por descontado– o vibrar con una tradición en la que nunca habíamos reparado y, entre tapa y tapa de jamón o ante una ración de gambas, reconocer que se nos eriza la piel con una salve rociera. Pongamos que estamos en Huelva, tierra de descubridores y una de las provincias menos exploradas del país.

Los amantes de la naturaleza pueden sentirse como un auténtico explorador recorriendo volcanes o bosques encantados en una isla tan pequeña y maravillosa como La Palma, en Canarias. Allí ni siquiera sentirá un ápice de culpa si tan solo decide sentarse y mirar las estrellas. La limpieza y claridad de sus cielos la convierten en un destino astronómico de primera línea.

Seis propuestas para desconectar, viajar sin prisas, ni horarios y con la única obligación de disfrutar

Los más aventureros pueden optar por trasladarse a la otra punta del planeta y contemplar un espectáculo tan natural y salvaje como la migración de las ballenas australes que cada año se dan cita en la Patagonia. No menos fascinante es embarcarse en una singular travesía para recorrer paisajes de vértigo, como los que la última era glacial dibujó en forma de fiordos en la costa de Noruega.

Los urbanitas más recalcitrantes no tendrán que renunciar a los placeres de la gran ciudad, pero sí sucumbirán a un ritmo más sosegado y lúdico, el que se respira desde los bares de las azoteas y tejados de Madrid.

El slow travel parece diseñado a medida para los más sibaritas que se sienten como pez en el agua entre cocoteros en una bucólica isla, sin renunciar a todas las comodidades de un hotel de lujo. Estas son algunas propuestas para viajar cómo y dónde quiera.

Huelva: Delicias para el paladar en la reserva natural de Europa entre dunas atlánticas

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Playas bañadas por el Atlántico de interminables dunas doradas; tradiciones como el Rocío –aunque tendrá que esperar hasta el 20 de mayo–; zonas naturales que ocupan hasta un tercio de la provincia, como el Parque Nacional de Doñana, y una propuesta gastronómica con la exquisita gamba blanca y el jamón –el mejor del mundo, dicen– como señas de identidad, pero también el atún rojo y los chocos recién capturados, y las fresas como postre de lujo, hacen de Huelva un lugar donde perderse y disfrutar de los placeres de la vida sin prisas.

La Palma: Un paraíso verde entre un nítido cielo azul y la tierra negra volcánica

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Un accidentado paisaje de bosques mágicos, como la Caldera de Taburiente, imponentes volcanes y unos cielos nítidos  como para tumbarse a contar estrellas han convertido a La Palma en la isla bonita de Canarias. Un diminuto gran paraíso para gozar poco a poco con los contrastes entre el verde de la vegetación o los rojos y negros con que minerales y volcanes –como el Teneguía y el Cumbre Vieja– tiñeron tierra y playas como la de Puerto Naos. Su coqueta capital, de calles adoquinadas y casas solariegas de estilo colonial, le trasladarán a otra época.

Madrid: Dejarse ver como un gato de azotea en azotea a la luz de la luna

Vista de la terraza del Círculo de Bellas Artes.
Vista de la terraza del Círculo de Bellas Artes.

Gozan de las mejores vistas y no pasan de moda. Las azoteas son el mejor lugar para dejarse ver, picar algo o tomar una copa, y el pulso a los ambientes más cool de Madrid. La del Círculo de Bellas Artes presume de tener las mejores vistas 360 grados de la ciudad y su restaurante, Tartan Roof, tiene una deliciosa cocina. Y de un clásico al recién inaugurado VP Plaza España Design, un cinco estrellas de diseño que estrena el Ginkgo Sky Bar, una espectacular terraza en el piso 12 con zonas cubiertas y descubiertas, piscina exterior climatizada y fondo transparente.

Geiranger (Noruega): El paisaje más bello del mundo es glacial y se hunde en las entrañas de la tierra

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La costa noruega está cincelada por fiordos que crean un paisaje fantástico. La joya de estos es Geiranger, con unos de 260 metros de hondura, apenas 20 kilómetros de longitud y solo 1,5 kilómetros de ancho máximo, rodeado de montañas nevadas y cascadas imposibles como De Sostrene Syv (Las siete hermanas) o Friaren (El pretendiente). Hasta sus aguas de un azul glacial llegan los cruceros para contemplar el sobrecogedor paisaje –uno de los más bellos del mundo–, que también puede disfrutar desde lo alto de Eagle Road, el tramo más empinado de la carretera.

Isla Mauricio: una isla de película, un hotel exquisito y un doble edén para sentirse en el olimpo

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Si a un entorno paradisiaco le suma un hotel idílico, las posibilidades de unas vacaciones de ensueño aumentan. En este caso, el edén terrenal es isla Mauricio y el hotel, el lujoso The Residence Mauritius. La isla es un pequeño vergel que emerge entre las cálidas aguas turquesas del océano Índico, entre arrecifes de coral, poblados de peces de colores y playas de cine. En The Residence, ubicado en Belle Mare, en la costa este, tradición y modernidad se dan la mano con una singular exquisitez para hacerle dudar de cuál fue su destino: ¿la isla o el hotel?

Península Valdés (Argentina): El baile salvaje de la gran ballena austral surcando los mares del sur

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En plena Patagonia, en la península Valdés, se produce cada temporada uno de los espectáculos más salvajes de la naturaleza, como es el avistamiento de la ballena austral. Un bicho que emerge sobre la superficie dejando ver sus 15 metros de largo y sus 40 toneladas de peso. El fenómeno se produce cada año a partir de junio y hasta diciembre, cuando miles de cetáceos migran en busca de aguas más templadas para aparearse y parir a sus crías. Además de cetáceos, podrá contemplar pingüinosleones marinos y una gran variedad de aves.

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