Bruselas propone un fondo anticrisis que se active en base a la tasa de paro

La partida estaría dotada hasta con 130.000 millones de euros

El plan podría superar las diferencias entre el europresupuesto de Macron y el minifondo de Merkel

La canciller alemana Angela Merkel se retira al final del primer día de la reunión del Consejo Europeo en Bruselas, (Bélgica).
La canciller alemana Angela Merkel se retira al final del primer día de la reunión del Consejo Europeo en Bruselas, (Bélgica).

La cumbre de la zona euro de este viernes en Bruselas marca el arranque de la negociación para crear un instrumento presupuestario o "capacidad fiscal" que ayude a los socios europeos en caso de ser golpeados por una nueva crisis. La Comisión Europea apuesta por un fondo anticrisis alimentado por el presupuestó europeo y que se active de manera automática cuando en un socio se dispare la tasa de paro.

Bruselas calcula que la dotación del nuevo fondo rondará una cifra equivalente de hasta el 1% del PIB de la Unión (es decir, unos 130.000 millones de euros). El fondo ofrecerá préstamos en condiciones extremadamente favorables a los países en dificultades para intentar evitar que entren en una espiral que les corte la financiación de los mercados, como ocurrió en Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre durante la pasada crisis del euro. Un segundo brazo del fondo ofrecerá subsidios destinados cubrir los costes de financiación del préstamo, lo que convierte la intervención del fondo en una ayuda sin coste alguno para el país beneficiario.

El plan del presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, resulta insuficiente para los líderes que, como el presidente francés Emmanuel Macron o el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, defenderán en la cumbre la creación de un poderoso presupuesto común que sirva de auténtico instrumento de estabilización en caso de vendaval económico. "Queremos un instrumento relevante, que sirva como estabilizador en caso de schock asimétricos", reclaman fuentes españolas.

La propuesta de la CE no va tan lejos. Pero Bruselas aspira a que sirva de vía intermedia para superar las reticencias de los socios más reacios a compartir riesgos, un bando liderado hasta ahora por Alemania pero en el que Holanda parece dispuesta a asumir el mando. El acuerdo de Gobierno de la canciller Angela Merkel con los socialsitas contempla la creación de un fondo europeo de apoyo a la inversión. Holanda no acepta ni siquiera ese minifondo.

Macron cenó el miércoles, en vísperas de la cumbre, con el primer ministro holandés, Mark Rutte, para intentar acercar posturas. Y el francés se muestra convencido de que se podrá encontrar una posición de equilibrio "para hacer avanzar a Europa".

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, también considera que el plan se encuentra suficientemente maduro para iniciar la negociación. Y este mismo viernes planteará a los líderes de la zona euro la posibilidad de crear una "capacidad fiscal" y los objetivos que debería perseguir ese instrumento, con referencia concreta a la inversión, el empleo y el impulso a las reformas estructurales.

Tusk abrirá también la negociación de una reforma de la gobernanza de la zona euro (Pacto de Estabilidad), que se reveló inútil para prevenir la crisis y que, una vez reformada, se ha convertido en un amasijo de normas y prescripciones que hasta los ministros de Economía de la zona euro consideran redundantes, incoherentes y, a veces contradictorias.

"Tusk ha concentrado el debate en los dos temas en los que hay más posibilidades de alcanzar un acuerdo", explican fuentes comunitarias unas horas antes del inicio de la cumbre del euro. "El presidente confía en que la negociación en paralelo de la capacidad fiscal y de la reforma de las normas presupuestarias permita conjugar los intereses de los dos grupos", añadieron las mismas fuentes en referencia a los países interesados en crear un potente escudo presupuestario y los que prefieren endurecer la disciplina fiscal.

Sin Memorándum ni troika

La Comisión Europea espera que la cumbre despeje el camino de la negociación y ya prepara la concreción legal del acuerdo, que se traducirá en mayo en una propuesta legal para establecer el fondo anticirisis, que se alimentaría con los remanentes del presupuestoscomunitario, que asciende a más de un billón de euros para siete años.

Bruselas quiere que el criterio de acceso al fondo sea objetivo y cuantificable. Y sugiere que se base en la tasa de paro, una variable que durante la crisis se disparó por encima del 25% en Grecia o en España.

La Comisión descarta, al menos de momento, que la concesión de los préstamos vaya acompañada a una condicionalidad similar al Memorándum de los rescates aprobados entre 2010 y 2014. Bruselas ha concluido que ese tipo de Memorándum supone un estigma que impediría que los países solicitaran los rescates.

La concesión de los préstamos, sin embargo, se sujetará a dos condiciones. Por un lado, los países beneficiarios deberán comprometerse a acometer las reformas estructurales que ellos mismo hayan incluido en su Plan nacional de reformas, el programa que una vez al año presenta cada Gobierno en Bruselas.

La mayoría de las veces esas reformas se quedan en papel mojado y cada país las repite año tras año sin llegar a  cumplirlas. En el caso de España, entre las promesas recurrentes figura la liberalización de las profesiones liberales (farmacéuticos, registradores, notarios...) o acabar con la dualidad del mercado laboral (contratados fijos y temporales). La vigilancia del seguimiento de las reformas dependería de la Comisión Europea, sin necesidad de una troika (CE, BCE y FMI) que ya ha quedado desarticulada por el tercer rescate de Grecia (2015-2018).

La segunda condición atañe a la utilización de los préstamos, que solo podrán destinarse a mantener la inversión pública y no al gasto corriente. La última crisis, según Bruselas, mostró que el primer tijeretazo de los Gobiernos siempre va dirigido a la inversión pública, cuya caída arrastra también a la privada. La Comisión ha compensado el desplome con el llamado Plan Juncker, un programa de estímulo de la inversión pública que aspira a movilizar 330.000 millones de euros en tres años.

El Mede también quiere gestionar el fondo

La negociación para crear una "capacidad fiscal" apenas ha empezado pero ya se ha disprado la competencia para gestionar los futuros fondos. La Comisión Europea quiere que la partida salga del presupuesto comunitario y asumir su gestión y control. Pero el Mecanismo europeo de Estabilidad (MEDE) o fondo de rescate también aspira a hacerse con esa atribución.

"Los préstamos a corto plazo del MEDE podrían ser una posibilidad para esa facilidad", señalaba este miércoles el director gerente del fondo, Klaus Regling, ante el Parlamento Europeo.

Regling sugiere que la facilidad no consista en un presupuesto anual sino en "un fondo rotatorio" y que los préstamos se reembolsen dentro del ciclo económico en que fueron concedidos. Su propuesta difiere de la de Bruselas, pero coincide en la finalidad de los préstamos: estabilizar la inversión en caso de un schock asimétrico en uno o dos países de la zona euro.

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