¿Ha servido la Ley Beckham para atraer capital extranjero?

Desde su promulgación, España se ha sumado a los países que buscan atraer como residentes a grandes fortunas

David Beckham, durante un partido en su etapa en el Real Madrid.
David Beckham, durante un partido en su etapa en el Real Madrid.

Existe actualmente una pugna internacional por atraer como residentes a las grandes fortunas privadas internacionales. España ha tardado en sumarse y la legislación sigue teniendo importantes deficiencias, pero se va progresando. Reino Unido, Francia y Alemania, o más recientemente Portugal y Grecia, por citar tan solo algunos ejemplos, llevan décadas ofreciendo visados, permisos de residencia y ventajas fiscales a extranjeros a cambio de que estos realicen inversiones y/o la adquisición de inmuebles en sus territorios.

Desde 2014 a 2017, España ha atraído más de 2.000 millones de euros gracias a estas iniciativas. Datos que muestran cómo nuestro país, pese a haber demorado el desarrollo de este tipo de medidas, finalmente ha acabado por subirse al carro de sus pares europeos y, poco a poco, se ha ido convirtiendo en uno de los países de residencia más elegidos.

Todo empezó con David Beckham. No con él, sino con su ley. O, mejor dicho, con la ley que tomó su nombre a raíz de la reforma tributaria posterior a la llegada del futbolista al Real Madrid, en el año 2003. Y es que, en plena vorágine de fichajes galácticos, se aprobó en España un régimen fiscal que perseguía impulsar la economía y el talento de directivos y profesionales muy cualificados y especializados.

En esos años, trabajaba para el despacho que asesoraba a Beckham en Reino Unido y la medida española nos sorprendió muy positivamente. Nos quedó siempre la duda de si este régimen fiscal se habría aprobado igualmente para un jugador del Atleti, pero esto es otro debate.

La Ley Beckham ofreció en 2003 a los impatriados la posibilidad de tributar únicamente por rentas obtenidas en España y con el tipo reducido de no residentes, en lugar de tributar como residentes por renta mundial y tipos cercanos al 45%.

En 2010, esta ventajosa realidad impositiva sufrió un recorte cuantitativo al limitarse su aplicación a todas aquellas retribuciones que no sobrepasaran los 600.000 euros al año. De esta forma, los deportistas de alto nivel fueron excluidos, lo que encareció el fichaje de estrellas internacionales e hizo perder al fútbol español un importante elemento de atracción.

Tres años más tarde, en 2013, España decidió apostar sin ambages por la captación de capitales extranjeros y puso en marcha la Golden Visa, que ofrece un permiso de residencia y la posibilidad de solicitar la ciudadanía a partir de una inversión de 500.000 euros y tras haber vivido en España durante varios años.

Tras años de continuados descensos en los precios del mercado de la vivienda, la inversión inmobiliaria constituye un incentivo importante. Pero son las posibilidades de inversión empresarial y oportunidades de negocio en nuestro país lo que ofrece el mayor potencial. Faltaría, desde nuestra experiencia trabajando con este tipo de clientes, una legislación fiscal que incentive mejor este tipo de inversiones, uniéndolas quizás a medidas de fomento al empleo.

Por último, y sin caer en el tan manido tópico nacional, España también brinda al posible inversor extranjero unas condiciones de vida francamente apetecibles (buen clima, rica vida social, enclaves de interés turístico, modernas redes de comunicación y transportes, y un largo etcétera) que, sumadas a lo anteriormente expuesto, conforman un combo muy atractivo para las grandes riquezas foráneas.

Así pues, España viene llamando al teléfono del inversor extranjero con un canto de sirenas. Uno que, parafraseando a los Rolling Stones, no deja de preguntar: Don´t you want to live with me?

León Fernando del Canto es Abogado en España y Barrister en el Reino Unido

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