Por qué la FED necesita un abogado

Jerome Powell no es economista, pero conoce como pocos la compleja regulación bancaria

El nuevo presidente de la Reserva Federal de EE UU, Jerome Powell.
El nuevo presidente de la Reserva Federal de EE UU, Jerome Powell. REUTERS

El próximo 3 de febrero Jerome Powell sustituirá a Janet Yellen como presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). En este cargo, Powell rompe moldes: es abogado, hijo y nieto de abogados, no tiene trayectoria académica como economista, y se ha hecho multimillonario gracias a la banca de inversión. Juegan a su favor su inteligencia, su capacidad de construir sobre el consenso y el hecho de ser miembro de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal desde el 2012. En contacto con el Departamento del Tesoro estadounidense desde 1990, conoce como pocos la intrincada situación actual de la regulación bancaria.

En relación con la política monetaria, parece que la hoja de ruta técnica está clara. Con moderación, se ha abandonado la zona de los tipos de interés cero. En diciembre se realizó la última de las tres subidas de tipos del 2017, cinco en total desde finales del 2015. El tipo de interés continuará al alza, pero con mucha más prudencia si se compara con las 17 subidas de 0,25 puntos porcentuales que se realizaron entre junio de 2004 y junio de 2006, ciclo iniciado por Alan Greenspan e indispensable para explicar el agravamiento de la gran crisis sistémica que terminó estallando apenas dos años después. No se quieren repetir los mismos errores y, en este sentido, la política de preanuncios seguida por los diferentes bancos centrales en los últimos años contribuye a preparar al sistema financiero ante el cambio.

El nuevo presidente fue elegido con una amplia mayoría en el Senado, lo que refuerza su perfil conciliador

Incertidumbre sin duda hay. Están por ver los posibles efectos secundarios de los programas de compra de activos (quantitative easing), en particular para el propio balance de la Fed. La situación de la deuda pública también es preocupante, especialmente con los tipos al alza, y determinadas economías cada vez presentan más inestabilidad política, en un entorno de creciente complejidad y competitividad a nivel global. En este contexto, un sistema financiero rígido e incapaz de adaptarse al cambio podría suponer, por sí mismo, un riesgo todavía mayor que los anteriores. Es precisamente aquí donde Powell tiene más valor que aportar, sin perder la senda teórica marcada por su predecesora.

Janet Yellen, en cierto contraste con Powell, tiene una sólida base como economista al más alto nivel. Esto, junto con su capacidad de anticipación y su fructífera experiencia al frente del Banco Federal de San Francisco, han permitido establecer sólidos fundamentos técnicos durante su mandato en la Fed. Powell encaja con un perfil más gestor, adecuado para liderar el desarrollo de la política establecida por su predecesora. Yellen fue la primera presidenta de la Fed, y en 39 años va a ser también la primera que no repite mandato. En 2014, fue elegida con 56 votos a favor y 26 en contra en el Senado, algo que contrasta también con los 84 a favor y 13 en contra que ha recibido Powell, lo cual refuerza su perfil de constructor sobre el consenso.

Tras la crisis se han aprendido cosas, pero no todas las consecuencias han sido positivas. Tanto los sistemas políticos occidentales como gran parte del sector financiero adolecen de una creciente burocratización. En paralelo, se ha producido una concentración de entidades, que permite intuir la persistencia del riesgo sistémico. Si la crisis de 2008 fue causada en gran medida por la falta de transparencia y regulación de determinados instrumentos financieros innovadores, la teoría del péndulo está provocando en determinados sectores la parálisis por el análisis del excesivo nivel regulatorio. En el caso concreto del sector bancario, los departamentos de cumplimiento normativo han tomado el poder de parte de las instituciones, llegando paradójicamente a ser causa de la contracción del crédito en plena zona de tipos cero. El lento proceso de toma de decisiones de las grandes instituciones internacionales tampoco ha sido de ayuda. Buen ejemplo es el del Banco de Pagos Internacionales, que empezó a dar soluciones a problemas que sucedieron en el año 2008, mediante Basilea III, con más de un lustro de retraso.

Todo lo anterior representa una importante carga que puede llegar a impedir la toma de decisiones rápidas y flexibles, tan necesarias en un entorno global y cambiante. Son nudos jurídicos que hay que deshacer, o al menos saber manejar con pericia. La búsqueda del consenso y la prudencia son tan necesarios como la buena gestión financiera, y precisamente por ello es idóneo un perfil como el de Jerome Powell. Tras su gira asiática, Donald Trump constató una vez más cómo Occidente está perdiendo la carrera. En su discurso en Davos llamó abiertamente a la inversión en EE UU, mientras el dólar es cada vez más débil. China está abriendo su sector financiero nacional y haciendo importantes esfuerzos por lograr un crecimiento sostenible. Singapur continúa invirtiendo cerca de un 20% de su gasto público en educación y Corea del Sur está en niveles de crecimiento máximos desde la crisis, por citar varios ejemplos. Este contexto de creciente competitividad internacional, junto con la revolución tecnológica, hacen que no nos podamos permitir el lujo de tener un sistema regulatorio que inmovilice nuestras instituciones o contraiga los mercados. Todo ello sin contar con los cisnes negros que están todavía por aparecer.

Luis Garvía Vega es profesor de finanzas en ICADE Business School.

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