La canciller en funciones Angela Merkel antes de la reunión con el SPD para negociar un gobierno de gran coalición.  AFP PHOTO  DPA
La canciller en funciones Angela Merkel antes de la reunión con el SPD para negociar un gobierno de gran coalición. / AFP PHOTO / DPA /

Merkel reconoce “grandes escollos” para repetir la gran coalición con los socialistas

Schulz exige un impulso a la integración europea que asusta a los conservadores

La incertidumbre política contrasta con una economía en plena expansión

La canciller en funciones de Alemania, la conservadora Angela Merkel, confía en lograr este viernes un principio de acuerdo con los socialdemócratas de Martin Schulz para formar un gobierno de coalición como el de la pasada legislatura.

Pero las demandas de Schulz a favor de un impulso del gasto público y de una apuesta clara por la integración europea amenazan con retrasar las negociaciones e incluso podría impedir la formación de un nuevo gobierno, prevista para esta primavera, más de seis meses después de las elecciones generales del pasado 24 de septiembre.

Merkel ha reconocido este jueves, momentos antes del inicio de una nueva ronda de contactos, que todavía existen “grandes escollos” para repetir una gran coalición (CDU y SPD). Esta fórmula políticamente contra natura sólo se había utilizado una vez en Alemania hasta la llegada al poder de Merkel en 2005. Pero la canciller ya ha tenido que recurrir dos veces a ella y parece condenada a utilizarla por tercera vez tras el fracaso en 2017 del de sus negociaciones con Liberales y Verdes.

Los socialistas habían descartado repetir la alianza con Merkel tras sufrir el mayor batacazo electoral en 60 años. Pero la amenaza de una repetición de las elecciones, que podría agravar aún más la caída del SPD, ha obligado a Schulz a aceptar a regañadientes la negociación con la CDU de Merkel y los conservadores bávaros de la CSU.

Tiene que haber un resurgir de la Unión Europea, exige Schulz

 

A cambio, Schulz reclama a Merkel un drástico giro en su política europea, marcada desde el inicio de la crisis financiera por un repliegue nacionalista, ataques a la credibilidad de las instituciones comunitarias, una merma del presupuesto común y una deriva hacia organismos intergubernamentales dominados por las capitales.

“Tiene que producirse un resurgir de la Unión Europea”, exigió este jueves Martin Schulz, antiguo presidente del Parlamento Europeo, antes de retomar las negociaciones con la CDU/CSU.

Schulz quiere aprovechar la presencia de Emmanuel Macron en el Elíseo para que Berlín y París lideren una suerte de refundación del club europeo y, en particular, de la zona euro que profundice los cimientos del club y supere de manera definitiva las graves heridas dejadas por la crisis financiera.

El líder socialista confía en que esa apuesta europeísta convenza a sus bases de la conveniencia de pactar de nuevo con Merkel, posibilidad sobre la que deberán pronunciarse en un referéndum interno el 21 de enero.

Pero el euroentusiasmo de Schulz espanta a Merkel y sobre todo a su imprescindible aliado bávaro, Horst Seehofer. Baviera afronta elecciones regionales en septiembre de este año y por primera vez desde 1950 la CSU ve amenazado su feudo electoral, erosionado por un partido eurófobo como Alternativa para Alemania (AfD). En las elecciones generales el año pasado, la CSU perdió 10 puntos porcentuales de voto (tres más que la CDU) y 10 escaños y la AfD superó el 10% de votos.

La CSU bávara ha defendido una posición más dura aún que Merkel en la crisis del euro, en el rescate de Grecia o ante la llegada de refugiados sirios. Y podría negarse a aceptar las demandas europeístas de Schulz para no dar más ala a AfD en las elecciones de otoño.

El propio Seehofer ya se ha visto forzado a aceptarsu próxima retirada como primer ministro bávaro para ceder el puesto a su compañero de partido y rival Markus Söder.

Merkel podría verse atrapada de nuevo entre el euroescepticismo de la CSU, equivalente al de los liberales, y el euroentusiasmo de Schulz, similar al de los Verdes. Un fiasco que le obligaría a gobernar en minoría (inédito en Alemania) o volver a las urnas (también inédito).

Las dificultades políticas de Merkel contrastan con la situación económica de Alemania que, según los datos publicados el jueves, registró un crecimiento en 2017 del 2,2%, la cota más alta en desde 2011, y un superávit de 38.400 millones (1,2% del PIB).

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