Marimar Torres: “Para vender vino hay que ser perseverante"

Pertenece a una de las grandes familias vinícolas de España, los Torres

En los años setenta se marchó a EE UU para potenciar el mercado internacional y acabó abriendo su propia bodega en California

Bodeguera
Marimar Torres.

Acaba de regresar a Estados Unidos, donde reside desde 1975, tras una breve estancia en España. En California espera su hija Cristina, de 28 años, heredera del patrimonio bodeguero que su madre, Marimar Torres (Barcelona, 72 años), puso en marcha en los años noventa. Pertenece a una de las grandes familias del vino español, los Torres. Ya desde pequeña confiesa que le gustaba jugar a enredos de mayores o de chicos, en vez de hacerlo con juguetes o muñecas, propios de su edad. Hoy, entretiene sus días en su bodega, Marimar Estate, situada en el condado de Sonoma, próximo al Pacífico.

¿Cómo se ven desde fuera los vinos españoles?

Como todo lo español, tienen una gran aceptación. Cuando llegué a Estados Unidos en 1975 no se conocía nada de la gastronomía española ni de nuestros vinos. Era la época en la que primaba la sangría, y era muy difícil vender vino de calidad. En nuestra casa lo conseguimos a base de picar piedra. Ahora es distinto, se conocen nuestras tapas, la paella. Por ello, me decidí a hacer un libro de cocina, con el fin de educar a los americanos.

¿Le queda alguna asignatura pendiente al sector vinícola?

Lo hacemos bien, pero queda un largo camino hasta conseguir lo que hicieron los italianos cuando llegaron en masa a EE UU, que dieron la vuela al chianti y sobre todo dieron a conocer otros vinos buenos. España tenía la misma reputación que los italianos pero no se ha hecho también como los italianos, a pesar de que los vinos españoles suben mucho. La pena es que hay pocos españoles en Estados Unidos, que hagan patria

¿Qué ha aportado usted al mundo del vino?

Sin humildad, le di la vuelta a las ventas. Cuando llegué a EE UU vendíamos allí 15.000 cajas de vino, y en diez años se multiplicó por diez. Me ocupé directamente de llevar las ventas del vino de Torres directamente, hasta que en el año 1994 saqué al mercado mi primer vino, el pinot noir y el chardonnay. Yo me he ocupado, desde California, de procurar prestigio al nombre de Torres, además de ayudar a la exportación.

En esa época había pocas mujeres en el sector, ¿le costó desenvolverse en un ambiente masculino?

Afortunadamente, ahora hay muchas más mujeres que cuando empecé. Creo que si eres buena tienes más ventajas que si eres mala profesional, y eso es algo que se puede aplicar a todas las minorías. Chocaba, por ejemplo, cuando yo iba a vender vino a Canadá que una chica de veintitantos años se dedicará a este negocio, pero como no lo hacía mal, me ayudó mucho.

¿Qué significa el nombre de Torres en el mundo vinícola?

Fuimos pioneros en salir fuera. Significa tradición, calidad, orgullo para los españoles. Lo bueno que tenemos los Torres es que nos encanta viajar y vender. Mi padre viajó incansablemente, mi hermano Miguel también, además somos buenos vendedores, lo llevamos en la sangre, y es algo que se contagia. Mi padre decía en una entrevista que las tres cualidades para ser un vendedor son la calidad, el entusiasmo y la perseverancia. Para vender vino hay que ser perseverante.

Usted tiene una hija, ¿tomará el relevo en la bodega?

Sí, será algo que pase de madre a hija, y eso es algo que nos hace mucha ilusión, porque en el mundo del vino no es habitual que el relevo se tome entre mujeres. Mi hija tiene un gran sentido de la responsabilidad y del deber. Ahora está trabajando en una bodega familiar, en Jackson Family Wines, similar a la nuestra, en la que pasará dos años. En una ocasión nos hicimos una prueba del cociente intelectual y nos señaló que tenemos la misma inteligencia, aunque ella es de números y yo soy más visual. Eso hace que nos complementemos. Yo soy mucho más social.

¿Ha pensado en alguna ocasión hacer su propio vino en España?

No, tengo las manos llenas con lo que tengo. Nuestra bodega es pequeña y trabajamos duro para tener las mejores uvas, tomar decisiones conforme a la calidad de los vinos, y no tengo la necesidad de producir algo propio en España.

¿Qué le parece que España, a pesar de ser productor, tenga uno de los consumos de vino más bajos?

Ha bajado y mucho, y se ha pasado de vender poca calidad a un precio barato. Todo esto está cambiando. Puedo contar una anécdota: hace años yo tenía un apartamento pequeño, al que invité a unos amigos, que hablaban de que los vinos no envejecen en botella. Había gran desconocimiento, y eso resultaba patético, además de que no estaba bien visto que una mujer diera lecciones sobre un vino.

¿En qué medida les está afectando el proceso independentista de Cataluña?

En la bodega, gracias a la dirección de mi hermano y de mis sobrinos, han logrado, y lo han conseguido, dar una imagen de imparcialidad y preocupación por España. Somos catalanes y españoles, aunque tengo que decir que la situación es difícil, y visto desde fuera en preocupante. A mí me gusta hacer negocios en EE UU porque en una negociación lo que se busca es que todos ganen. En España salimos todos perdiendo. Me da mucha pena, porque no había necesidad

¿Qué más ha aprendido en EE UU?

A comprender al otro, a escuchar, no hablar solo para que se vea lo que se sabe de algo. No es coincidencia que emprendedores como el fundador de Facebook o Bill Gates hayan triunfado por esa forma de trabajar, por mantener la ilusión por conseguir algo.

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