¿Y si no fuera tan mal momento para ser consejero catalán de Hacienda?

La Generalitat, cerca del equilibrio presupuestario casi 20 años después

Las entregas a cuenta que recibirán las comunidades alcanzarán su récord en 2018

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La parte negativa es conocida. El intento de referéndum del 1 de octubre y la posterior proclamación de la república catalana derivó en un incremento de la tensión que está afectando a la economía y cuyas consecuencias, si bien aún son difíciles de cuantificar, son relevantes. El cambio de domicilio social de más de 3.000 empresas catalanas, aunque no suponga el traslado de los centros productivos, es una señal de alarma que resulta infantil desdeñar y que puede deteriorar las bases del crecimiento futuro. La fuerte contracción que sufrió el comercio minorista en Cataluña es otra señal de alerta y que refleja que el PIB catalán se está ralentizando. La literatura y la experiencia nos dicen que la incertidumbre política, la inseguridad jurídica y el temor a una etapa de conflictos se traduce en una menor propensión al consumo y lleva a las empresas a detener o, en el mejor de los casos, posponer inversiones.

Si la aritmética parlamentaria y la capacidad de los políticos permiten que tras el 21D haya un Gobierno y no una repetición electoral, el próximo consejero de Economía y Hacienda de la Generalitat se encontrará en una situación muy complicada, con una economía que se ralentiza y un mercado timorato y receloso. Pero también hay elementos que permiten ser optimistas si la situación política se estabiliza. De la misma forma que se ha producido una contracción del consumo y de la inversión tras el 1 de octubre, se puede registrar un efecto rebote. Para ello, claro está, se debería regresar a un cierto clima de normalidad. Teniendo en cuenta que el resultado electoral será muy ajustado, cabe imaginar que Cataluña entrará en un proceso de negociaciones políticas. La incertidumbre se mantendrá, pero es improbable en el corto plazo que la tensión alcance los niveles posteriores al referéndum independentista.

El panorama es incierto, pero el futuro consejero de Economía y Hacienda contará con unos pocos, pero valiosos ases en la manga que sus antecesores ya hubieran deseado. Para empezar, Cataluña recibirá el próximo año la mayor transferencia de la historia por las entregas a cuenta del sistema de financiación autonómica. En julio, el Gobierno anunció que entregará a las comunidades autónomas 105.040 millones. De este importe, a Cataluña le corresponden 17.617 millones. No se trata de ninguna dádiva ni concesión, sino que es el resultado de aplicar el sistema de financiación. Es cierto que la Generalitat goza de una financiación por habitante inferior a la media y eso no cambiará, pero el próximo año tendrá más recursos a su disposición. Las entregas a cuenta son las transferencias que el Estado adelanta a las comunidades en función de las previsiones de recaudación. El Gobierno de Mariano Rajoy ha vinculado esas transferencias a la aprobación de los Presupuestos Generales, lo que genera incertidumbre a las autonomías.

En cualquier caso, también la recaudación por tributos propios está creciendo a buen ritmo. Los últimos datos publicados y que corresponden a septiembre muestran que la Generalitat ingresó 1.506 millones por el impuesto sobre transmisiones patrimoniales, un 26,4% más que el ejercicio anterior. Obviamente, si la situación económica empeora ello afectará negativamente a la recaudación. Pero todo apunta a que el futuro consejero de Hacienda tendrá en sus manos más recursos y eso significa tener margen para políticas sociales o de inversión.

Otro aspecto que alegrará a los próximos inquilinos del departamento de Hacienda de la Generalitat es que la Administración catalana tiene sus cuentas prácticamente en equilibrio, algo que no ha sucedido en los últimos 20 años. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria, que supuso una caída drástica de los tributos propios, la crisis económica, la mala gestión y los errores en las previsiones del Gobierno, que provocaron que las comunidades gastarán mucho más de lo que les correspondía a través de las entregas a cuenta de 2008 y 2009, fueron factores que dispararon el déficit autonómico. Cataluña fue una de las que mayores números rojos registró. Tras emitir deuda a tipos muy elevados con los bonos patrióticos, la Generalitat no tuvo otra salida que endeudarse con la Administración central a través del FLA y a costa de perder autonomía. Tras años convulsos, subidas de impuestos y recortes, la Generalitat se encuentra en una situación relativamente positiva. Hasta septiembre, registró un superávit de 140 millones, el 0,06% del PIB. Se trata de una situación inédita en casi 20 años. Cataluña cerrará este año con un déficit del 0,6% y cumplirá probablemente el objetivo de déficit. En función de la situación política, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) cree que podría rebajar sus números rojos en 2018 hasta el 0,4% del PIB, en línea con el objetivo de estabilidad.

Tener las cuentas bajo control también permite mayor margen de maniobra. Así, aunque pudiera parecer lo contrario, quizás no es tan mal momento para ser consejero de Hacienda en Cataluña.

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