Gildo Zegna: “El milenial seguirá usando traje, pero de otra manera”

Dirige uno de los emblemas de la sastrería de lujo a medida italiana, fundada hace más de un siglo.

Desde hace dos años lidera una modernización de la firma para adaptarse a la era digital, a los nuevos mercados y a los jóvenes consumidores

Moda
Gildo Zegna, consejero delegado de Ermenegildo Zegna.

Lejos de pensar en la retirada, vive intensamente los desafíos que internet, los nuevos mercados y los jóvenes lanzan a las organizaciones, de los que no se mantiene al margen una firma centenaria como Ermenegildo Zegna, uno de los emblemas de la sastrería italiana de lujo. Gildo Zegna (Turín, Italia, 61 años) recibe a Cinco Días en su luminoso despacho de Milán, en el cuartel general de la compañía que fundó su abuelo en 1910. Cree que si las cosas se hacen bien, siempre salen los números, aunque “si los miras demasiado solo piensas en ser financiero”. Confiesa que quiere dedicarle más tiempo a la creatividad.

¿Qué hitos ha debido afrontar la empresa para adaptarse a los cambios?

En los dos últimos años hemos implantado una serie de cambios. Hemos tenido que adaptarnos a nuevos movimientos, como China, los mileniales y el mundo digital. Son los tres desafíos más importantes que tenemos encima de la mesa. A todo esto se añaden otros elementos, que van desde el terrorismo a la política, y a un cambio de costumbres, a una forma de ser diferente. Nos hemos tenido que cuestionar algunas cosas, con el fin de reaccionar para continuar manteniendo nuestro liderazgo en el mercado del lujo.

¿Qué medidas han implementado?

Hace un par de años analizamos cómo era percibida nuestra marca a nivel mundial, y la lectura fue que nuestra clientela nos consideraba de manera positiva en cuanto a la calidad del producto, la atención a los detalles y al servicio, pero nos veían tradicionales y con poca emoción. A partir de ahí nos preguntamos cómo podíamos innovar con una marca que combinara el ADN de una empresa centenaria con la modernidad, con un producto tanto para los mileniales como para un tipo maduro como yo. Hemos incorporado a un nuevo director creativo, Alessandro Sartori, que se ha responsabilizado de la imagen y de la innovación para ser más modernos y jóvenes, pero manteniendo también la tradición, ya que los dos van bien.

¿Han incorporado elementos al catálogo?

En el Zegna moderno el accesorio desempeña un papel importante, mucho más que en el tradicional. Hay una mayor casualización, un estilo nuevo, donde el confort tiene un gran protagonismo, es diferente de lo que había antes. Ahora se viaja mucho más y se tiene una vida más rápida. Por tanto, todo ha de ser confortable y multiuso.

¿Todo ello requiere de un cambio profundo en la organización?

Ha sido necesario un gran cambio para manejar una máquina compleja de manera diferente. Cuando cumplí 60 años el año pasado, dije que quería ser el más viejo de la compañía. La edad media está próxima a los 40 años. Otro factor importante es que ahora la empresa es más femenina, eso es importante, ya que las mujeres tienen capacidades diferentes de los hombres, y eso complementa el proceso empresarial.

¿China es su principal mercado?

Para nosotros es el número uno, seguido de EE UU. Es un mercado importante, donde entramos en 1991, ya que uno de cada tres clientes que consumen lujo en el mundol es chino, y en cinco años esta cifra será de uno de cada dos. Esto sucede porque viajan por todo el mundo, tienen poder adquisitivo, interés por comprar y desean adquirir artículos para estar a la moda. Todo esto es bueno como palanca de crecimiento, pero nos hace ver que las cosas pasan más rápidamente en China que en otros mercados.

Los nuevos servicios, como la sastrería a medida, ¿corresponden a esas exigencias?

Ese es otro tren que hemos cogido, el de la personalización; hemos sido los primeros en atraer una nueva forma de vestir, de manera que el cliente pueda añadir nuevos detalles, según su gusto. Tenemos una ventaja, ya que el 70% de nuestros productos están hechos en nuestra empresa, y eso nos da la posibilidad de ofrecer este tipo de servicio con zapatos, camisas, trajes, piel... Nos gusta decir que manejamos todo el producto, desde las ovejas hasta la tienda o hasta la pantalla del ordenador. Esto nos permite incrementar nuestra capacidad de innovación, que ha de llegar al mercado de manera efectiva.

¿Qué persiguen con todo ello?

Sorprender al cliente, aunque supone un gran esfuerzo, ya que se tarda 70 horas en hacer un traje, como en los años cincuenta, con una espera de tres meses para la entrega, y donde se realizan como mínimo tres pruebas. Es un concepto de sastrería emocional. Otro proyecto innovador es el Techmerino, un traje hecho con un tejido que se puede lavar en la lavadora. Nuestro objetivo es innovar en cada fase del proceso de confección, así como renovar las tiendas y seguir investigando e invirtiendo en tecnología.

Pertenece a la tercera generación de una familia empresarial, ¿tiene continuidad?

Ya tenemos a la cuarta generación en marcha, incorporada a la empresa. El proceso de entrada de la familia se hace con criterios de meritocracia, que es la mejor solución para darle continuidad a la compañía familiar. Es una empresa privada saneada, que factura cerca de 1.200 millones de euros.

¿Cree que el traje llegará a desaparecer?

No, los mileniales usarán el traje pero de manera diferente, con zapatillas, con jersey, sin camisa y corbata, deconstruido, informal... Hace dos años yo la habría recibido en mi despacho con camisa y corbata [viste un jersey de cuello alto en tono marrón, a juego con el traje]. El milenial es una forma de ser, todos lo somos un poco, lo interpretamos cada uno a nuestra manera. Los tres productos más vendidos hoy en el mundo de la moda son los jeans, el jersey y las sneakers (zapatillas), mientras que en los años setenta eran la camisa, el traje y la corbata. Todo cambia y tenemos que encontrar nuestro camino. Esto no quiere decir que no haya elegancia ni estilo, es otra manera de adaptarse a todos los cambios.

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