Solo una de cada cuatro mujeres que emprende proyectos sociales logra financiación

Casi la mitad de los hombres sí logra recursos externos para estas iniciativas

Solo el 25% de las emprendedoras acaba poniendo en marcha sus startups

Dos mujeres en una oficina de la Cámara de Comercio.
Dos mujeres en una oficina de la Cámara de Comercio.

Las mujeres que deciden emprender en proyectos de carácter social lo tienen más difícil que sus compañeros hombres. Solo una de cada cuatro que impulsa este tipo de iniciativas logra la financiación externa que necesita, mientras que casi la mitad de los hombres sí lo logran. Eso influye en el resultado final: apenas el 25% de ellas acaba sacando adelante sus startups, frente al 75% de sus compañeros varones. Son algunos de los datos de un informe de ESADE hecho público este martes, y para el que se ha consultado a un centenar de emprendedores sociales españoles.

Una de las principales causas que explican esta diferencia es el tipo de sectores en los que las mujeres deciden emprender, “menos valorados a ojos de los inversores”, explica una de las coautoras del estudio, Mar Cordobés. Ellas tienden a poner en marcha proyectos más vinculados con la salud o la educación, con una visión más a largo plazo y más sostenible en el tiempo, mientras que sus homólogos hombres se inclinan más por el ámbito tecnológico, “más fácilmente escalables y con rendimientos más inmediatos”, señala esta investigadora del Instituto de Innovación Social de ESADE. Cordobés insiste en la necesidad de cambiar la mentalidad en términos de inversión: “la rentabilidad económica no está reñida con el impacto social, hay que replantear los paradigmas sobre lo que se considera que es un buen negocio”.

También influye la actitud con la que se enfrentan ellos y ellas ante las finanzas. “Las mujeres se sienten menos cómodas que los hombres a la hora de hablar con inversores externos”, apunta Cordobés. “Las emprendedoras se valoran a sí mismas más negativamente, piensan que están menos preparadas que los hombres, aunque lo cierto es que es una valoración subjetiva y no se refleja en la realidad”. Según el estudio de ESADE, si bien los hombres tienen más experiencia en emprendimiento que sus compañeras, ellas disponen de más formación.

“Las mujeres deben creer más en sí mismas. Hay muchas que valen y que están más formadas que los hombres pero que no se venden igual”, opina Catalina Parra, presidenta HazloPosible, una fundación que da apoyo a empresas que generan impacto social. Parra cree que también hay que influir del lado de los inversores: “ahora hay menos machismo que hace unos años pero todavía queda mucho por hacer”.

Otro de los factores que explica esta brecha de género es la dificultad que tienen ellas a la hora de conciliar vida familiar y laboral. “Los emprendedores dedican más tiempo a sus empresas que ellas”, explica Leonora Buckland, coautora —junto con Mar Córdoba— del estudio y añade que las emprendedoras tienen que dedicar más tiempo a las tareas domésticas. Buckland también apunta que la edad media para poner en marcha una startup suele estar entre los 30 y los 35 años, una horquilla que perjudica a las mujeres ya que es cuando suelen decidir tener hijos. De ello sabe Patricia Pólvora, una emprendedora que se quedó embarazada al poco de poner en marcha su empresa: “fui a buscar inversión estando de seis meses y eso echa para atrás”. “Recibí muchos comentarios del tipo ‘ya verás, cuando seas madre dejarás el proyecto”, recuerda.

Buckland destaca que la inversión en emprendimiento social puede ser un motor de empoderamiento para las mujeres: “es una herramienta importante para alcanzar la igualdad de género y al mismo tiempo una buena oportunidad para los inversores”. También puede servir de referente para las futuras generaciones: “es importante cambiar los modelos a seguir y que las niñas —y no solo los niños— se puedan proyectar como empresarias”, concluye.

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