Sucursal de Deutsche Bank en Berlín (Alemania).
Sucursal de Deutsche Bank en Berlín (Alemania).

La gestora de Deutsche Bank toma distancias

Crea una nueva estructura legal y cambia su nombre a DWS antes de su salida a Bolsa

El CEO de la matriz apunta a un 10% de retorno; vender parte de su división más rentable lo complica

En psicología, la disociación es una reacción común a los traumas infantiles. A Deutsche Asset Management se le puede perdonar que quiera distanciarse de su matriz Deutsche Bank tras sufrir salidas de activos por valor de 38.000 millones el año pasado, a resultas del calvario del prestamista. Sin embargo, al cambiar su marca a DWS antes de su prevista salida a Bolsa, el grupo pone de manifiesto las imperfecciones de su propietario actual.

Olvídense de la fanfarronada de que DWS es una “marca global”: el nuevo nombre es poco conocido fuera de Alemania. Pero evita el angustiante Deutsche. Una nueva estructura legal en igualdad de condiciones debilita aún más la asociación, aparentemente; pro la estructura elegida también garantiza que siga el control parental. Incluso si la participación accionarial de Deutsche Bank cae por debajo del 75%, seguirá pudiendo nombrar al consejo sin consultar a los minoritarios.

A cambio, la gestora intenta seducir a los inversores con una serie de respetables objetivos a medio plazo. El crecimiento previsto en activos netos, del 3-5% anual, compara bastante bien con sus pares. Y aunque los ejecutivos insisten en que no pretenden recortar empleos, la ratio costes/ingresos objetivo, del 65%, frente al 68% en el año, sugiere que esperan mantener los gastos constantes. Mientras, la ratio de payout prevista, de hasta tres cuartos de las ganancias –superior a la de sus rivales–, llamará la atención de los inversores en renta fija. Si se alcanzan esos objetivos, el negocio podría valer 11.000 millones, suponiendo una tasa impositiva del 25% y un múltiplo de 15 veces las ganancias para 2018.

Esa perspectiva contrasta con Deutsche Bank, que tiene prohibido dar grandes dividendos desde 2015. De acuerdo, la promesa de volver a una “ratio de payout competitiva” para el próximo año podría cumplirse devolviendo los ingresos de la OPV a los accionistas. Pero al sacrificar una parte de su división más rentable, Deutsche diluirá el ya ridículo rendimiento anualizado del 4,1% sobre el capital tangible que logró en los primeros nueve meses. El CEO, John Cryan, apunta a un 10% de retorno. Vender su rama de gestión de activos lo pone más difícil.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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