Los banqueros centrales ya son conscientes del efecto de sus palabras

Su reunión para hablar de comunicación es un reconocimiento de que han usado la retórica como herramienta

Con tan poco margen para recortar los tipos, no es de extrañar que recurran a todas las opciones

Janet Yellen, Mario Draghi, Mark Carney y Haruhiko Kuroda, el martes en Fráncfort.
Janet Yellen, Mario Draghi, Mark Carney y Haruhiko Kuroda, el martes en Fráncfort.

La reunión de los banqueros centrales el martes en Fráncfort para hablar de su forma de comunicarse es un reconocimiento de hasta qué punto han usado la retórica como instrumento de política monetaria.

En teoría, Janet Yellen (Fed), Haruhiko Kuroda (Banco de Japón), Mark Carney (Banco de Inglaterra) y Mario Draghi (BCE) están haciendo lo correcto al comunicarse más que sus predecesores. Tienen una gran influencia sobre la economía y deben explicar qué están tratando de hacer y por qué.

Parecen estar de acuerdo en que una mayor comunicación es buena. Pero algo bueno, en demasía, puede ser malo. Cuanto más hablen los banqueros centrales, mayor será el peligro de que se les entienda mal o se contradigan entre sí. Las frecuentes declaraciones de los miembros del consejo de la Fed son un ejemplo.

En segundo lugar, puede acabar habiendo una cámara de eco, en la que los banqueros reaccionen a las señales del mercado que reflejan sus propios pronunciamientos previos. Draghi lo ha evitado en gran medida. Su “cueste lo que cueste” en 2012 marcó el comienzo del fin de la crisis, pero siguió con las compras masivas de activos.

Además, cuanto más hablan los reguladores, más propensos son los inversores a interpretar declaraciones matizadas como garantías. Yellen se esforzó el martes por enfatizar que las directrices siempre deben estar condicionadas a lo que suceda en la economía.

Finalmente, los banqueros se están volviendo más parlanchines cuanto más aumentan las lagunas en su comprensión de la economía. Podrían verse obligados a defender políticas sobre las cuales tienen, o deberían tener, sus propias dudas.

El consejo de Kuroda, que los mensajes sean sencillos, es excelente. Pero hay pocas posibilidades de que los reguladores prescindan de la locuacidad a corto plazo. Draghi se ha dado cuenta de por qué: ha dicho que las directrices se han convertido en “un instrumento de política monetaria de pleno derecho”. A pesar de las modestas subidas recientes, los tipos siguen muy bajos. Con tan poco margen para recortarlos cuando llegue la próxima recesión, no es de extrañar que quieran tener a mano todas las herramientas disponibles.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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