Los retos (y las sombras) de la innovadora industria del motor

El sector invertirá miles de millones de euros en la electrificación de los vehículos

El Salón del Automovil de Fráncfort constituye un año más un potente escaparate para mostrar la capacidad de innovación, alta tecnología y indiscutible competitividad de la industria del motor. Más de 230.000 metros cuadrados de exposición, 35 países, 2.000 automóviles y dos centenares de primicias integran el poderoso catálogo del evento, cuyos focos de atención están centrados este año en la movilidad, los nuevos tipos de combustible, los modelos híbridos y enchufables –con novedades destacadas, como los coches que funcionan con gas natural comprimido– y una variada e ingama de prototipos.

En ese escenario, el sector ha mostrado su musculatura con el anuncio de sustanciosos planes de inversión para impulsar el coche eléctrico. Volkswagen ha anunciado que destinará 20.000 millones hasta 2030, mas un presupuesto para la compra de baterías de carga para estos vehículos de más de 50.000 millones. Daimler, por su parte, ha asegurado que invertirán 10.000 millones para electrificar sus automóviles y que todos los modelos de Mercedes Benz tendrán una versión eléctrica en 2022. Mientras BMW apuesta por gastar “millones de libras” y producir 24 modelos enchufables en 2025, Ford destinará 4.500 millones y Renaul-Nissan ha gastado ya 4.000 millones y apuesta por elevar las inversiones.

Todo este vertiginoso esplendor de Francfort no oculta los retos de una industria caracterizada por su flexibilidad e innovación, pero que tiene que hacer frente también a una competitividad cada vez más alta. El sector cuenta también con sus propias sombras, como las proyectadas por el escándalo de las emisiones contaminantes de Volkswagen. La propia Angela Merkel ha criticado la gestión de los ejecutivos de las grandes empresas alemanas de automoción en los últimos años y ha pedido responsabilidad y autocrítica. Pese a que la canciller ha empleado el eufemismo error para aludir al engaño causado a 11 millones de consumidores, Berlín sabe que el sector del motor es uno de los pulmones de la economía europea y teme –con razón– el empuje de las grandes marcas de EEUU y Asia. En esta industria, como en otras, el que se detiene a tomar aliento pierde.

 

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