Las dos Españas del mercado laboral tras la recuperación

Debe cuidarse que se genere más empleo de alta cualificación y mayor productividad

El debate abierto en la sociedad acerca de cuál es el estado de la economía, si se desenvuelve aún en la crisis o está plenamente recuperada, no puede concluir nunca con un blanco o negro. En términos de producción, puede hablarse de la plena recuperación de los niveles previos a la recesión, pero en términos de empleo, la distancia de los volúmenes manejados en 2007 es aún muy importante; tanto como que solo se ha recuperado poco más de la mitad del empleo perdido, y solo se ha absorbido la mitad del desempleo generado durante los años más duros de la contracción. Con estas cifras, una economía con dos millones de empleados menos que en 2007 produciría la misma cantidad de bienes y servicios que entonces, lo que supone un importante avance de la productividad aparente del factor trabajo.

Y ese avance de la productividad, por aparente que sea, esconde una transformación muy notable de la estructura laboral del país, hasta el punto de volver a esa especie de dos Españas que casi siempre acompañaron al mercado, y cuya diferencia pareció difuminarse con la crisis. Cuando el PIB lleva cuatro años consecutivos de generoso avance, el nuevo empleo ha tenido un comportamiento muy asimétrico, tanto geográfica como sectorialmente. Mientras que La Rioja, País Vasco, Navarra, Baleares y Aragón tienen tasas de paro que no superan el 11%, Andalucía, Extremadura, Canarias y Castilla La Mancha la tienen por encima del 22%, y algunas cerca del 26%.

En 2017, la mutación del sistema productivo, más volcado en manufacturas y servicios exportables (avance del 50% en la recuperación), ha facilitado que haya más empleo que hace diez años en servicios, entre los investigadores, entre los licenciados (un millón más), entre las mujeres y en regiones como Baleares, con Madrid, Rioja,Navarra cerca de recuperar lo perdido. El perfil de los ocupados es cualitativamente mejor que entonces, abstracción hecha en algunos casos de contratos y sueldos. El marchamo de la economía es que recupere todo el empleo en un par de años, pero debe cuidarse que su calidad mejore y siga concentrándose en colectivos con cotas más elevadas de formación y productividad.

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