Renault tenía un plan secreto de bonus para los directivos

Una empresa en Holanda habría pagado a los directivos sin tener que informar

El ‘dieselgate’ debería haber enseñado que jugar limpio es la mejor forma de proceder

Carlos Ghosn, presidente y CEO de la alianza Renault-Nissan-Mitsubishi, en un salón del motor celebrado en París, el año pasado.
Carlos Ghosn, presidente y CEO de la alianza Renault-Nissan-Mitsubishi, en un salón del motor celebrado en París, el año pasado.

Los asesores de Renault, Nissan y Mitsubishi pensaban crear una empresa en Países Bajos para pagar de forma secreta bonus a Carlos Ghosn, consejero delegado de Renault, y otros directivos. Dicha entidad habría recibido pagos por valor del 8% de las sinergias adicionales generadas por las tres compañías, que tienen participaciones entrelazadas..

De no haberlo publicado Reuters la semana pasada, Ghosn, el cerebro de la exitosa alianza, podría haberse unido a las filas de los jefes del sector de la automoción que han aprendido a la fuerza que explotar las lagunas legales no sale a cuenta.

Es impensable que un plan así consiguiera el apoyo de los accionistas. El año pasado, la mayoría de ellos rechazó el plan de compensación de Ghosn en Renault con un voto simbólico pero no vinculante. Su salario en la compañía francesa bajó de 7,2 millones en 2015 a 7 millones el año pasado. Incluyendo lo que gana por presidir Nissan, su sueldo total en 2015 alcanzó los 15,6 millones. Aunque el plan de bonus conocido ahora no sea contrario a las normas, es difícil de justificar. El código de gobierno corporativo de Francia dice que toda compensación pagada a los directivos de las compañías debe divulgarse públicamente.

Los buenos resultados merecen recompensas generosas, es cierto. En los últimos cinco años, la rentabilidad media anual para los accionistas de Renault ha sido del 24%, por encima de Daimler, BMW y Volkswagen. La asociación con Nissan también ha tenido éxito. Entre 2015 y 2018, el objetivo es que las sinergias obtenidas por realizar conjuntamente compras, ingeniería y fabricación aumenten en más de un cuarto, hasta 5,5 millones de euros. Pero eso difícilmente indica que al ingeniero brasileño le falte motivación.

A raíz de las trampas de Volkswagen en torno a las emisiones de diésel, la industria debería haber aprendido que jugar limpio es la mejor forma de proceder. Casi todos los fabricantes europeos están bajo escrutinio por las emisiones, que son más altas en la vida real de lo que se ve en el laboratorio, y la confianza escasea. Las prácticas salariales diseñadas para ocultarse no hacen ningún favor a la industria.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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