G7: la cumbre del desencuentro

Es fácil cargar las tintas sobre Donald Trump, pero no es menos cierto que el fracaso en la última reunión es colectivo

El presidente francés Emmanuel Macron y el estadounidense Donald Trump en la cumbre del G7.
El presidente francés Emmanuel Macron y el estadounidense Donald Trump en la cumbre del G7.

Taormina, un enclave privilegiado en la isla de Sicilia, casi tan cerca del continente africano como de Europa, ha sido testigo de la última cumbre del G7 celebrada el pasado 26 y 27 de mayo. Era la primera cumbre para algunos de sus protagonistas: Emmanuel Macron, Theresa May y Paolo Gentiloni. También lo era para Donald Trump, que ha conseguido acaparar los titulares de la prensa. Todos ellos se estrenaban como representantes de sus países en el foro del G7. En estos encuentros, los líderes de los países más importantes del mundo se reúnen para coordinar sus políticas y llegar a acuerdos sobre las estrategias a seguir en los temas que afectan a la economía mundial y que suponen un reto en cada momento. Al menos en teoría, porque si hubiera que definir la última cumbre del G7, lo más adecuado sería calificarla como la cumbre del desencuentro.

Los temas que se debatieron fueron de un calado e importancia indiscutible. Se discutieron, entre otros, los retos de la economía global, el cómo afrontar la desigualdad en la distribución de la renta, la respuesta a dar a la migración y los flujos de refugiados o el cambio climático. Probablemente, el aspecto más destacado ha sido que en la declaración conjunta se ha formalizado la existencia de una división seis a uno, en especial en cuanto al compromiso para cumplir con los Acuerdos de París sobre el cambio climático, con Estados Unidos separándose en este aspecto del resto de países participantes. Es cierto que en muchas ocasiones la declaración final del G7 es un conjunto vago de compromisos sin concreción práctica, pero en este caso la división entre Estados Unidos y el resto se ha formalizado. Con su decisión final de abandonar los acuerdos de País, comunicada en discurso con constantes referencias al proteccionismo y a una visión de política que se centra sólo, y probablemente de forma errónea, en los intereses de su país, Estados Unidos renuncia al papel de líder mundial que ostentaba desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

¿No sabía que iba a Taormina a discutir este tema con los líderes europeos de Alemania, Francia, Canadá, Japón y Reino Unido? No son de extrañar las declaraciones posteriores de Angela Merkel en el sentido de que Europa ha de ser consciente de que la capacidad de Reino Unido, tras el brexit, y Estados Unidos para actuar como aliados y socios en la toma de decisiones importantes, está en entredicho.

Sin embargo, es fácil cargar las tintas sobre Donald Trump, pero no es menos cierto que el fracaso en la última cumbre del G7 es colectivo. Italia promovió que en la discusión sobre los flujos de migración y refugiados la postura del resto de miembros fuera mucho más decidida, y la decepción de Paolo Gentolini ha sido evidente. Italia vive en sus costas la llegada masiva de inmigrantes y también de refugiados, y clama por una respuesta global. A esto se contrapone la incapacidad de la UE para dar una contestación decidida a la crisis de los refugiados, y la preocupación de un número creciente e importante de países, entre ellos Reino Unido y Estados Unidos, por tener capacidad para controlar sus fronteras, en un momento en el que el terrorismo yihadista ha vuelto a golpear en Reino Unido.

No debe calificarse esta cumbre de sorprendente. Tras la crisis económica, en un contexto de mayor desigualdad, con una constante percepción de inseguridad creada por los atentados del Estado Islámico, la respuesta que observamos es, en general, de menor cooperación y mayor preocupación por los intereses nacionales. El ya famoso America first, la salida de Reino Unido de la Unión Europea o la actitud de varios países europeos en la crisis de los refugiados, como Hungría, son una muestra de la tendencia a políticas que enfatizan la diferencia entre el nosotros y el resto. Un tipo de política que, mucho me temo, en el contexto global en el que vivimos no dará respuesta a los miedos y preocupaciones de millones de ciudadanos.

Juan Pedro Aznar Alarcón es profesor del departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad en Esade Business & Law School.

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