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Las elecciones en Holanda, marcadas por la fragilidad

Es difícil que gobierne el extremista Wilders, pero de algún modo ya ha ganado, al cambiar la agenda

Enfrentamientos entre policía y manifestantes cerca del consulado turco de Rotterdam, este domingo.
Enfrentamientos entre policía y manifestantes cerca del consulado turco de Rotterdam, este domingo.

Un político impetuoso con un distintivo tupé, que utiliza una retórica incendiaria. Su mensaje nacionalista resuena con el estado de ánimo antiélite que recorre el mundo desarrollado. Los expertos y los encuestadores insisten en que es imposible que gane las elecciones. ¿Suena familiar?

Geert Wilders espera que los paralelismos con Donald Trump sean aún más mañana, cuando voten los holandeses. El líder del Partido por la Libertad trata de canalizar las mismas fuerzas que impulsaron al magnate de EE UU. Pero la obsesión internacional con el “Trump holandés” malinterpreta la influencia de Wilders, y oculta la creciente inestabilidad política de un país conocido por lo contrario.

Se prevé que ningún partido obtenga más de 30 escaños, lo cual hará muy difícil un gobierno estable

Las encuestas muestran que Wilders, de 53 años, compite con el primer ministro, el liberal conservador Mark Rutte, por ser el partido más votado, pero ninguno de los dos quedará cerca de una mayoría en la cámara baja, de 150 escaños, que se asignan en proporción al número de votos.

El partido más votado es normalmente el que hace el primer intento de formar gobierno, y serlo sería un respaldo enorme para Wilders, que aboga por cerrar las mezquitas y ha prometido acabar con la “escoria marroquí”. La disputa diplomática con Turquía, después de que el Gobierno holandés prohibiera a dos ministros turcos hacer campaña por Erdogan en los Países Bajos, podría darle un impulso antes de las elecciones.

Pero aunque gane le costará formar gobierno. Todos los grandes partidos han descartado unirse a cualquier coalición de la que forme parte. Y a pesar de sus intentos por alinearse con los terremotos políticos que golpearon el Reino Unido y EEUU el año pasado, difícilmente se le puede considerar una cara nueva. Lleva 18 años en el parlamento, y estas serán sus cuartas elecciones como líder de su partido.

Muchos votantes parecen cansados de su campaña, que consiste principalmente en un manifiesto de una página y un hiperactivo feed de Twitter. Si consiguiera el 15% de los votos (las encuestas le dan el 13%), estaría por debajo de su resultado en 2010, que le dio el tercer puesto También está por debajo del 17% del partido de Pim Fortuyn en las elecciones de 2002, que se celebraron nueve días después de que el carismático populista fuera asesinado por un ecologista.

Al igual que Farage en el Reino Unido, el líder del Partido por la Libertad ha logrado marcar el debate sin tener poder

Es más importante la tendencia a la fragmentación. Se prevé que ningún partido obtenga más de 30 escaños. Es un cambio enorme, incluso para un sistema que fomenta los grupos alternativos. En la década de 1980, los tres principales partidos aglutinaban más del 80% de los votos. Ahora se espera que estén en el 40%.

La causa inmediata del fracaso político es la desilusión con la coalición gobernante, formada por los liberales y los laboristas. Después de la crisis de la zona euro, impulsó recortes de gastos para reducir el déficit presupuestario y la deuda pública. El crecimiento está recuperándose, pero muchos votantes están descontentos con lo que ven como una disminución de su calidad de vida y la expansión del trabajo temporal y a tiempo parcial. Salvo un cambio de postura radical –muchos electores todavía están indecisos– los socios de la coalición perderán más de la mitad de sus escaños.

Formar gobierno será complicado. Puede que hagan falta al menos cuatro partidos para llegar a los 76 escaños que dan la mayoría. El último intento por conseguir una coalición tan compleja fue en la década de 1970. La situación apunta a un período prolongado de limbo con un gobierno en funciones; y una vez se forme, la coalición será vulnerable a las crisis políticas. La parálisis y la inestabilidad de uno de sus fundadores también es un mal presagio para la capacidad de la UE para aumentar la cooperación en áreas como defensa.

A aquellos preocupados por el surgimiento de partidos extremistas en Europa, una coalición holandesa en precario podría parecerles preferible a la alternativa. Sin embargo, de alguna manera Wilders ya ha ganado. La mayoría de los principales partidos holandeses se han vuelto más hostiles a la inmigración. En una carta abierta publicada en enero, Rutte ordenó a los ciudadanos “comportarse normalmente o irse”. Durante este fin de semana, la mayoría de los líderes de los partidos secundaron la dura postura del primer ministro sobre los representantes turcos. Al igual que Nigel Farage en el Reino Unido, Wilders ha logrado cambiar el debate político sin tener poder. Eso, al final, puede ser su mayor logro.

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