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La división de la izquierda italiana preocupa

La lucha por el liderazgo del Partido Democrático podría afectar al papel del país en la UE

El primer ministro de Italia,PaoloGentiloni, y Matteo Renzi (derecha), el domingo.
El primer ministro de Italia,PaoloGentiloni, y Matteo Renzi (derecha), el domingo.

La descomposición de la izquierda italiana es el nuevo dolor de cabeza europeo. La batalla por el liderazgo del Partido Democrático podría dividirlo, debilitar las fuerzas proeuro y hacer aún menos predecible la política italiana.

El PD está en guerra consigo mismo desde que Matteo Renzi superó la oposición del ala más izquierdista para hacerse con el poder del partido en 2013. El fallido referéndum sobre la reforma constitucional del año pasado, que lo llevó a dimitir como primer ministro, ha desencadenado ahora una batalla de liderazgo. Los oponentes de Renzi amenazan con formar un nuevo grupo si gana este, como parece probable.

Los oponentes de Renzi amenazan con formar un nuevo grupo si este gana el control interno

Las maquinaciones desempeñan un papel tan importante como las diferencias ideológicas. El panorama político de Italia está fragmentado, ya que el Movimiento 5 Estrellas ha mermado el apoyo de los principales partidos. El próximo Gobierno será probablemente una coalición, con poca mayoría o sin ella, sobre todo si se mantiene el sistema de votación proporcional. Eso dará más influencia a los partidos marginales. Y, como las normas permiten a los líderes de los partidos elegir parlamentarios, los opositores a Renzi saben que es poco probable que sobrevivan si gana.

El último ingrediente es la ambición del ex primer ministro. Una división debilitaría el PD, laminando al menos un sexto de sus apoyos, que se sitúan en torno al 30% del electorado. Puede que Renzi piense en compensar eso captando votos de la derecha. Pero su popularidad está disminuyendo. Además, una división podría disgustar a los votantes, y empujarles a los brazos del 5 Estrellas, que quiere sacar a Italia del euro, o de la Liga Norte, que aboga por salir de la UE.

La izquierda italiana, el mayor bloque proeuropeo del país y su principal esperanza reformista, podría terminar siendo más pequeña y débil. La derecha está formada por una alianza incómoda y fracturada, sin heredero evidente del octagenario Silvio Berlusconi. Las posibilidades de que haya un Gobierno fuertemente reformista se desvanecen y el apoyo a los extremos crece. Es motivo de preocupación para la economía que más despacio crece de Europa, y para la UE en su conjunto.

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