Visita de Mike Pence

Bruselas planta cara a las artimañas divisorias de Trump

La primera visita del vicepresidente de EE UU a Bruselas se salda con citas "muy intensas"

Tusk exige a Mike Pence garantías de su apoyo a la UE y a la OTAN

Comisión Europea
El vicepresidente de EE UU, Mike Pence, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

La gélida relación entre Bruselas y Washington ha subido algunas décimas de temperatura con la primera visita a la capital estadounidense de Mike Pence, el vicepresidente de Donald Trump. Pero los encuentros de Pence con las instituciones europeas han revelado también el tremendo deterioro de la relación transatlántica sólo un mes después de la llegada a la Casa Blanca del presidente más eurófobo de historia reciente de EE UU.

Bruselas ha adveritdo a Pence contra cualquier intento de dividir o desestabilizar la Unión Europea, un objetivo que Trump parece haberse marcado aprovechando la primera escisión del club con la salida del Reino Unido. "El mundo será un lugar mucho peor si Europa no está unida", avisó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, al vicepresidente estadounidense.

Cita tras cita, primero con el gobierno belga y después con los líderes de las instituciones comunitarias, Pence chocó con sus interlocutores en unos encuentros que fueron descritos como "muy intensos" y "francos y abiertos", términos que en la jerga diplomática se utilizan para describir las reuniones más agrias.     

"Después de las soprendentes opiniones escuchadas últimamente sobre nuestras relaciones y nuestra seguridad común, no podemos fingir que todo sigue igual", reconoció Tusk tras reunirse con Pence. Ninguno de los dos aceptó preguntas en la rueda de prensa posterior, para evitar que las diferencias pudieran cristalizar de manera demasiado clara.

El vicepresidente, en nombre de Trump, ofreció el "compromiso firme de EE UU a cooperar con Europa". Pero en el aire pesaban las despreciativas palabras de Trump calificando a la UE como un mero "consorcio" o las de su asesor comercial acusando a Berlín de manipular el euro para favorecer sus exportaciones.

Tusk invocó su condición de "europeo incurablemente pro-estadounidense" para exigirle a Pence de manera abierta su apoyo a la relación transatlántica, a la OTAN y a la unidad de la UE. "En los tres casos, la respuesta del vicepresidente ha sido sí", aseguró el presidente europeo. Mucho menos tranquilo salió el primer ministro belga, Charles Michel, que cenó con Pence la noche del domingo. "No vamos a permitir que se fragmente la UE", aseguró Michel. Y añadió que había trasladado de manera tajante ese recado a Pence, encargado de llevarlo a Washington.

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