Secretos de Despacho

Carlos Smitzy: “España es muy de pantalones chinos”

Carlos Smitzy comparte espacio con sus socios y con empresas con las que genera sinergias

Carlos Smitzy

Paul Newman como referente. No solo por sus dotes interpretativas y elegancia, sino también por su sensibilidad hacia los problemas de la sociedad y su deseo de cambiar el mundo. Con esta inspiración nació Smitzy, una marca de ropa de hombres, en principio de pantalones chinos, con sello español, que apuesta por la calidad y la sostenibilidad.

El secreto, afirma Carlos Smitzy, nacido en Wickede (Alemania) hace 37 años, no es otro que haber desarrollado un “corte perfecto”, gracias a un patrón exclusivo de la firma, mediante la configuración de su caja, más ajustada que las que emplean otras marcas, su cintura curvada, un tiro de entrepierna moderno y un tejido de algodón con una mezcla de elastano para que se ajuste a cualquier silueta. Todo esto lo explica Smitzy en su pequeño despacho dentro de una oficina compartida con otros jóvenes emprendedores.

La obligación de cuidar un cactus

En la mesa de trabajo, Carlos Smitzy tiene unas macetas con unos cactus, que compraron los tres socios para animar la estancia. “Ninguno de nosotros somos de plantas, y el reto que nos hemos propuesto es verlas crecer”.

Al lado del ordenador hay una hucha con la figura de un cerdo, que dice: “no hay mejor ahorrar que poco gastar”. Esto es una máxima que sigue la empresa a rajatabla: “cuando tienes pocos fondos hay que pensar bien dónde invertirlos, hay que hacerlo siempre donde tenga mayor impacto”. Y el tercer elemento que le acompaña durante las más de diez horas que le dedica a la empresa es un reloj de arena. Con una finalidad: “acordarnos siempre de que no debemos perder el tiempo”. Priorizar es la clave cuando se empieza, asegura este emprendedor. “Los comienzos siempre son duros y tienes que hacer miles de cosas que hay que hacer con pocos recursos”. La estancia está salpicada de pantalones y de carteles con frases, como: “Vuelven los chinos, y lo sabes”.

Smitzy apuesta por la venta online, aunque a medio y largo plazo esperan contar con una tienda propia. “Vender pantalones por internet es difícil pero intentaremos compensarlo con el servicio de atención al cliente, ya que queremos personalizar las prendas”. También tienen previsto ampliar el catálogo de prendas sobre todo de cintura para abajo. El precio va de los 89 euros del modelo clásico a los 120 euros del denominado Harper. El 5% de las ventas se destina a un proyecto solidario. En este caso, a la Fundación Aladina.

“Es un fórmula de trabajo que está muy bien porque se crean sinergias y se comparten experiencias con gente de otros sectores. Si tenemos dudas sobre algo lo consultamos”, explica.

Su mesa la comparte, mano a mano, con sus otros dos socios y compañeros de estudios de posgrado: Antonio Ortega, encargado de las finanzas a raya, y José Manuel Rico, a quien corresponde la misión de mantener el orden y la estructura de la empresa en el día a día. Y a él, a quien se le ocurrió la idea de negocio, le corresponde mantener viva la creatividad. Acaban de arrancar con una inversión de cien mil euros aportada por los socios y por ayudas públicas.

Carlos Smitzy, de padre alemán y madre española, lleva viviendo en España una década, ya que después de licenciarse en Administración y Dirección de Empresas en Londres, estuvo viajando por el mundo durante tres años. “Viví en más de 10 países, pero decidí que era en España donde quería echar raíces”. Su experiencia laboral arranca en una empresa de atención al cliente para bancos, pero enseguida se dio cuenta de algo: “que las empresas grandes no eran lo mío”. Su padre es empresario y decidió seguir los mismos pasos.

Cursó un MBA en el IE Business School, y fue ahí cuando le entró el gusanillo por las start ups. “Me gustan las empresas pequeñas porque te permiten desarrollarte mejor” explica este emprendedor, que confiesa que una de sus mayores complicaciones fue bautizar a la empresa, que lleva de nombre su apellido. “No es fácil, sobre todo en el sector textil. Tenía que ser un nombre que nos gustará a todos los socios y que no estuviera cogido”. Explica además que “el nombre puede ayudar a tener éxito pero no es la clave”. En moda, añade, lo importante es la calidad y para asegurarla y sobre todo poder supervisar la producción decidieron apostar por la confección en España. “No procedemos del sector, tenemos experiencia en diferentes áreas pero no en moda, donde nos apoyamos en un diseñador que nos acompaña en las decisiones técnicas”. Y asegura que encontrar proveedores ha sido fácil, ya que en “España hay buenas empresas de tejidos”. Eso sí, todos tienen que tener certificados medioambientales de la Unión Europea.

Los pantalones chinos de Smitzy van dirigidos a hombres de entre 24 y 45 años, a los que les gusta lo clásico con un toque moderno. Según afirma, en España “hay hueco para el chino, ya que se usa más que en otros países, y queremos hacer los mejores de España”.

Normas