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Generali es una mala idea para Intesa

Comprar la entidad podría ser rentable, pero plantea problemas de competencia

Sede de Generali en Roma.
Sede de Generali en Roma.

La megafusión de Intesa Sanpaolo con Generali podría ser difícil de vender. El CEO de Intesa, Carlo Messina, se ha ganado elogios por dirigir el banco más fuerte y rentable de Italia. Tirar la casa por la ventana con los 24.000 millones que cuesta la aseguradora es el tipo de acuerdo que hasta ahora ha hecho bien evitando.

Los accionistas piensan claramente así: desde que se conoció la posibilidad de la operación, el lunes, el valor de Intesa ha caído casi 3.000 millones. Su espectacular ratio de capital, de más del 13%, y su ROE cercano al doble dígito indican su excepcionalidad en Italia. Ha rehuído complejas operaciones domésticas, o rescatar otros bancos. El único problema para Messina era qué hacer a continuación.

Bernstein prevé que los ingresos de la aseguradora caigan un 3% anual hasta 2018

Es cierto que Generali podría ser un negocio rentable. Las fusiones en los seguros pueden ahorrar al menos un 20% de los costes operativos, según Morgan Stanley. Eso, aplicado a los gastos operativos proyectados por Generali para 2017, 5.300 millones, gravados y capitalizados a un múltiplo de 10, podría crear unos 7.000 millones de valor. Intesa podría mantener parte y vender negocios en el extranjero.

Pero la operación también plantea desafíos por la situación política, y por cuestiones de competencia. Por un lado, la predisposición del BCE a extender el sistema que permite a los bancos aplicar ponderaciones de riesgo muy generosas a las participaciones en aseguradoras podría liberar capital. Por otro, una alta proporción de capital de Generali procede de estimaciones intangibles de rentabilidad futura: el 43%, según Barclays, así que sus niveles de capital son volátiles.

En cualquier caso, pagar por Generali según sus ingresos actuales puede ser un error. Bernstein prevé que caigan un 3% anual hasta 2018. En algunas líneas de negocio los costes son inferiores al 90% de las primas devengadas, mientras que las altas tarifas de los seguros de vida pueden verse erosionadas por la presión hacia el ahorro de los bancos y los gestores de activos. Aunque los planes de Intesa aún no estén claros, es lógica la glacial acogida de los accionistas.

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