Tribuna

El mundo a ‘trumpicones’

Los acuerdos comerciales con la UE se modificarán y el desencuentro irá a más

Washington. Sábado 21 de enero, ocho y media de la mañana. El recién investido 45 presidente de Estados Unidos no ha dormido bien. Incluso para él, hombre de mundo y de negocios, con momentos de tensión a sus espaldas, lo vivido el anterior día ha sido “muy fuerte”.

Su batín es de seda negro con grandes letras doradas en la parte superior: D.T. En el Despacho Oval se reclina en el gran sillón de cuero, cruza sus manos detrás de la cabeza y coloca las piernas sobre la mesa. Mira al techo y dice en voz alta, “America first”. En su cabeza resuena “Yo, Donald John Trump, juro solemnemente que ejerceré fielmente el cargo de presidente de Estados Unidos y, hasta el límite de mi capacidad, preservaré, protegeré y defenderé la Constitución de Estados Unidos”.

Ha comenzado la Era Trump. Una y otra vez recuerda las grandes frases de su discurso “Conseguiremos que Estados Unidos sea grande de nuevo”. “Desde hoy solo será Estados Unidos primero, solo primero”, repite. “Debemos proteger nuestras fronteras de aquellos que nos quieren quitar lo nuestro”. “Lucharemos por nuestra libertad... cuando Estados Unidos se une, es totalmente imparable. No debe haber miedo”. “El pueblo ha retomado el poder”.

Se emociona al recordar el final, “A todos los estadounidenses, lejos o cerca: vosotros no seréis ignorados jamás. Vuestra voz, vuestras esperanzas, decidirán nuestro destino. Vuestro amor nos guiará. Haremos que Estados Unidos esté orgulloso, sea seguro. Todos conseguiremos que Estados Unidos vuelva a ser grande de nuevo. Que Dios bendiga Estados Unidos”. Así concluyó su primer discurso presidencial. La multitud rugía.

"Para Trump,las medidas arancelarías resolverán el desempleo y reducirán el déficit comercial exterior"

Suspira profundamente mientras se gira hacia los ventanales. Sobre los árboles que rodean la Casa Blanca se imagina el mundo:

Trumpicón nº 1: China. La política Una Sola China de Estados Unidos se revisará. La nueva administración asume que Pekín puede reaccionar duramente, sobre todo si ve sus productos gravados con aranceles de hasta el 45%.

Trumpicón nº 2: Unión Europea. Habrá que ver los resultados electorales de sus amigos en Holanda, Francia y Alemania. Los acuerdos comerciales se modificarán y el desencuentro irá a más. Los europeos tienen ahora un problema con los refugiados.

Trumpicón nº 3: Brexit. Un posible acuerdo comercial anglo-norteamericano se vislumbra en el horizonte. Ambas capitales podrán verse favorecidas.

Trumpicón nº 4: México. Más de las tres cuartas partes de sus exportaciones son a Estados Unidos, gran parte de las mismas generadas por empresas norteamericanas asentadas en suelo azteca. Este esquema de producción cambiará a corto plazo.

Trumpicón nº 5: Oriente Medio. Oirá al Gobierno de Israel y la política hacia la región será diferente a la seguida por su antecesor.

Trumpicón nº 6: Proteccionismo. Aunque la globalización no ha sido determinante en la generación de desempleo en el sector manufacturero del país, ni el regreso de empresas a Estados Unidos lo resolvería, Trump está convencido de que con la puesta en marcha de medidas arancelarias resolverá en parte la situación de 96 millones de personas que buscan empleo en el país y reducirá el déficit comercial exterior. Estados Unidos importa casi un 50% más de lo que exporta.

Trumpicón nº 7: Cambio Climático. No permitirá que la industria petrolera nacional se vea afectada por acuerdos firmados por la anterior administración.

Empieza a nevar sobre Washington. “Hemos hecho ricos a otros países mientras que nuestra riqueza ha desaparecido”, repite pausadamente y se imagina un país a su imagen y semejanza, aunque el mundo tenga que ir a trumpicones.

Javier de la Nava es profesor de Economía Internacional del CEF.

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