Editorial

El reto de neutralizar el huracán Trump

La llamada a la calma y la unidad es la mejor respuesta al tifón político que llega desde el otro lado del Atlántico

Donald Trump, presidente electo de EE UU.
Donald Trump, presidente electo de EE UU.

A solo tres días del comienzo oficial de la era Trump, las relaciones del presidente electo estadounidense con Europa parecen tensarse por momentos en una escalada que está rompiendo todos los moldes diplomáticos. Las despectivas palabras del nuevo inquilino de la Casa Blanca, que ayer arremetía duramente desde dos diarios europeos contra la OTAN y el futuro político de la UE, hacen presagiar que estamos en la antesala de un período complejo y turbulento en materia de relaciones trasatlánticas. Con un lacónico pero firme recuerdo a la independencia comunitaria –“los europeos tenemos nuestro destino entre las manos”–, la canciller alemana Angela Merkel ha respondido a esos ataques, que califican de “obsoleta” la alianza atlántica, profetizan que tras el brexit otros países europeos abandonarán la UE y arremeten directamente contra el liderazgo de Berlín. Trump acusa a Alemania de explotar la UE para su propio beneficio y a la propia Merkel de haber propiciado, con su política de puertas abiertas a los refugiados, la salida de Reino Unido.

La llamada a la calma y la unidad realizada por Berlín es la mejor respuesta al tifón político que llega a las costas europeas desde el otro lado del Atlántico. Pese a las gruesas palabras de Trump, Bruselas y Washington están condenados a entenderse y a hacerlo no solo en términos políticos, sino también económicos. Ello no quiere decir que la UE deba plegarse a la agenda que marque el presidente de EEUU ni abdicar de sus principios, que incluyen la libertad de empresa, pero sí que debe responder con la experiencia política que se le presupone a una organización surgida para cicatrizar las heridas de la II Guerra Mundial.

En un entorno de crecimiento, la posibilidad de que la nueva Administración estadounidense adopte una política proteccionista se perfila como el gran riesgo económico con el que arranca este 2017. Los intentos de Trump de presionar a BMW para cambiar sus planes de abrir una nueva planta en México en 2019 –respondidos ayer con firmeza por la compañía alemana– son un ejemplo de los obstáculos que puede poner la nueva Administración a las empresas europeas y el comercio internacional. Pese a ello, según el último informe de proyecciones del FMI, España crecerá este año un 2,3%, una décima más sobre las previsiones anunciadas en octubre. Unos cálculos optimistas que se extienden al resto de economías avanzadas, cuyas cifras también se han revisado al alza. La razón de esta corrección es, en buena parte, la promesa de Trump de aprobar estímulos fiscales en EE UU que pueden beneficiar a sus socios. Junto a este factor positivo, el FMI advierte del peligro que supondría una hoja de ruta proteccionista desde la Casa Blanca. Prepararse para esa posibilidad y neutralizarla con una política exterior firme es el reto que afronta Europa.

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