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El amor severo del BCE, malo para Italia

El nuevo cálculo del Banco Central sobre Monte dei Paschi es bueno para los bancos, pero no para el país

Sede central de Monte dei Paschi, en Siena (Italia).
Sede central de Monte dei Paschi, en Siena (Italia).

El amor severo del BCE es bueno para los bancos, pero malo para Italia. El Banco Central Europeo dice que Monte dei Paschi necesita casi 9.000 millones de euros de capital extra –bastante más que los 5.000 previstos– después de buscar ayuda estatal. Es prudente, pero se suma a la deuda del país, y puede elevar la factura del rescate de otros bancos.

Hasta hace unos días el Gobierno italiano asumía que MPS necesitaba 5.000 millones, de los cuales 2.700 los iba a inyectar el Estado, mientras que el resto provendría de la conversión de bonos subordinados en acciones. Ahora esa cantidad ha crecido hasta los 8.800 millones, y la parte del Gobierno, a 6.500. El cambio se debe a que el BCE aplica un trato más severo a los bancos que piden ayuda gubernamental. Fráncfort quiere ahora que MPS mantenga una ratio de capital ordinario Tier 1 del 8%. Eso es significativamente más que el objetivo anterior, del 5%.

El rescate de MPS deja menos cantidad para otros bancos con problemas, que ahora podrían enfrentarse también a un mayor objetivo de capital

Tiene cierta lógica: un banco que reciba ayuda del Gobierno debería acabar el proceso más fuerte que la mayoría. Sin embargo, plantea dudas sobre si el fondo de rescate bancario del Gobierno, de 20.000 millones, es lo suficientemente grande. El rescate de MPS deja menos cantidad para otros bancos con problemas, que ahora podrían enfrentarse también a un mayor objetivo de capital.

Los recursos del Gobierno parecen escasos, en cualquier caso: Deutsche Bank estima la necesidad total de capital para el sistema financiero, excluyendo bancos relativamente saludables como Intesa Sanpaolo y Unicredit, en 32.000 millones de euros.

Aparentemente, 6.500 millones es un error de redondeo para un país con un endeudamiento total de 2,2 billones. Sin embargo, y puesto que el BCE empezará a controlar sus compras de bonos el próximo año, los inversores necesitan pocas excusas para rehuir un país que tiene una deuda equivalente al 133% del PIB y un crecimiento débil. Los italianos tienen una razón más para sentirse resentidos con los reguladores bancarios europeos.

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