Tribuna

Populismo, intervencionismo y otros despropósitos

Europa deberá asumir la gobernanza global hasta que EE UU supere su fase aislacionista

El brexit, la elección de Donald Trump y el auge de los partidos radicales en Europa constituyen la mayor amenaza a la relación transatlántica desde 1947. Vladimir Putin continuará financiando a partidos extremistas, interfiriendo en procesos electorales y lanzando ciberataques. Las clases medias y bajas se rebelan contra la clase política y las instituciones tradicionales, a las que culpan del estancamiento o retroceso de su nivel de vida. El Estado del bienestar está amenazado por el envejecimiento de la población y la automatización y el avance tecnológico, que destruyen empleos y expulsan a los menos cualificados del mercado laboral.

Los demagogos han convertido a los inmigrantes en chivos expiatorios de nuestros desafíos. Con las notables excepciones de España, Portugal e Irlanda, en todos los Estados miembros de la UE existe una fuerza política partidaria de controlar –o expulsar– a la inmigración no comunitaria.

Después de las próximas elecciones legislativas en los Países Bajos en marzo se constituirá probablemente un Gobierno de coalición moderado porque los partidos tradicionales holandeses se niegan a coaligarse con el extremista Partido de la Libertad. Sucederá lo mismo en la segunda vuelta de las legislativas francesas de junio respecto al Frente Nacional. Aunque el rusófilo candidato de centroderecha François Fillon derrote a Marine Le Pen, está garantizada la presencia en el Elíseo de un presidente deseoso de estrechar lazos con Rusia. Diversos bancos italianos están lastrados con enormes deudas, y los votantes del país transalpino pueden dar la victoria al Movimiento 5 Estrellas cuando acudan a las urnas.

Las instituciones europeas se mantienen por ahora firmes ante los intentos de Theresa May de obtener concesiones antes del inicio formal de las negociaciones del brexit. Pero la UE tendrá muchos frentes abiertos durante los próximos años. Superarlos no sería una tarea tan ardua si la población apoyara de manera entusiasta el proyecto de integración europea. Debemos a la UE y sus instituciones, entre otros beneficios concretos, las líneas aéreas de bajo coste, la supresión de las fronteras terrestres, la reducción de las tarifas de roaming y un amplio surtido de bienes elaborados, etiquetados y distribuidos según unos elevados estándares laborales, medioambientales y de protección del consumidor en un mercado común de 500 millones de personas. Y que 19 de los Estados miembros de la UE compartan el euro, con numerosas ventajas, como la eliminación de la necesidad de intercambiar moneda o asegurar contrafluctuaciones en los tipos de cambio.

"Trump amenaza con imponer aranceles o multas a empresas que deslocalicen empleos"

Con un presupuesto equivalente a solo un 1,2% de su PIB y la negativa de los Estados miembros a ceder más soberanía, la UE no puede desplegar políticas comunes más ambiciosas en ámbitos clave como la energía, los transportes, la inmigración y la política exterior y de defensa. La relación económica transatlántica es la más importante del mundo. La inversión total de EE UU en la UE es tres veces superior a la que ha efectuado en Asia. EE UU y la UE generan la mitad del PIB mundial y una tercera parte de los flujos comerciales globales.

Los optimistas vaticinan que Trump recurrirá a una realpolitik pragmática centrada en combatir el terrorismo islámico y renegociar acuerdos comerciales. Pero Trump amenaza con imponer aranceles o multas a empresas que deslocalicen empleos. Además de perjudicar a los consumidores de menos ingresos y empresas de EE UU que importan piezas, puede desatar una guerra comercial con China.

Las cadenas de producción actuales son globales, y las políticas intervencionistas perjudican a todos. Washington concedió 120.000 millones de dólares en ayuda económica a Europa bajo el Plan Marshall (1948-52), así como una cantidad equivalente entre 1945 y 1948. Berlín, Bruselas, París y Madrid no contarán a partir de febrero con un Gobierno estadounidense comprometido con el libre comercio y la promoción de la democracia, la libertad y los derechos humanos.

Europa deberá tomar las riendas de la gobernanza global hasta que Estados Unidos supere su fase aislacionista. Internamente, los Estados miembros deberían dotar a los fondos europeos con financiación para implementar un ambicioso programa de construcción y modernización de infraestructuras de transporte y energéticas transeuropeas; suspender el cumplimiento de los objetivos de déficit; aportar crédito a las pymes, y no únicamente a las grandes empresas, y avanzar hacia políticas comunes en energía, inmigración y defensa.

Alexandre Muns Rubiol es profesor de EAE Business School.

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