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Abe puede aprovechar la era Trump

Japón depende del papel de EE UU como policía regional

Shinzo Abe (centro, con corbata azul) y Vladimir Putin (segundo por la derecha), el pasado viernes en una exhibición de judo en Tokio.
Shinzo Abe (centro, con corbata azul) y Vladimir Putin (segundo por la derecha), el pasado viernes en una exhibición de judo en Tokio.

Shinzo Abe puede sacar provecho de la era Trump. A primera vista, la conducta del magnate plantea riesgos para Japón, que depende de la globalización y del papel de EEUU como policía regional. Por eso el primer ministro japonés fue el primer líder mundial en visitar al magnate.Pero Abe podría acabar sacando partido.

Abe es uno de los líderes más antiguos de una gran democracia, lo cual le da más influencia global y atractivo interno, en un mundo trastocado por el populismo. Tokio tendrá como aliado al secretario de Comercio de EE UU, el niponófilo Wilbur Ross. Y pese a todas las pullas de Trump a Japón durante la campaña, el derechista Partido Liberal Democrático de Abe siempre ha estado más cerca de los republicanos que de los demócratas.

Si la economía de EE UU se recupera, como parece probable, Japón seguramente irá después

Todo esto ayudará si Abe quiere convocar elecciones anticipadas para conseguir una mayoría más fuerte y quedarse hasta los Juegos de Tokio 2020. Tampoco el desprecio informal de Trump por el equilibrio de poder de Asia es una mala noticia para Abe, pues refuerza los argumentos para reformar la Constitución pacifista del país, un antiguo objetivo suyo.

La probable muerte del Acuerdo Transpacífico es indiscutiblemente un golpe económico. Algunos, compañeros de Abe esperan que pueda renacer, pero parecen demasiado optimistas. Sin embargo, el contexto general es excelente. Si la economía de EE UU se recupera, como parece probable, Japón seguramente irá después, como de costumbre. A principios de diciembre, el yen se había hundido a unas muy cómodas 113 unidades por dólar –suficientes para engrosar los beneficios de los exportadores sin afectar demasiado a los consumidores. Muchas firmas han comprado importantes negocios en el extranjero, y recibirán un impulso cuando repatríen en yenes sus ganancias en el extranjero.

Abe también tiene margen para acelerar el estímulo fiscal, que siempre es siempre más fácil que impulsar dolorosas reformas estructurales del empleo o de la inmigración. La ironía es que hace un año el G7 difícilmente podía respaldar la llamada de Abe a que la política fiscal sustituyera a los bancos centrales, sobrecargados de trabajo. Ahora EE UU está preparando para un derroche en infraestructuras, el Banco de Japón está emitiendo bonos a 10 años sin intereses, y Abe tiene la cabeza bien alta.

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