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Trump echa gasolina al fuego de Rusia

El próximo secretario de Estado de EE UU Rex Tillerson es una opción incendiaria por sus lazos con Rusia

Tillerson y Putin, en 2011, firmando un acuerdo en Sochi (Rusia) en 2011.
Tillerson y Putin, en 2011, firmando un acuerdo en Sochi (Rusia) en 2011.

Como CEO de Exxon, Rex Tillerson ha demostrado que es casi un diplomático, pero sus lazos con el presidente ruso, Vladimir Putin, convierten al próximo secretario de Estado de EE UU en una opción incendiaria. Tillerson, que llegó al cargo principal de Exxon en 2006, nunca ha trabajado en el Gobierno, pero como CEO de la petrolera ha forjado relaciones con Gobiernos de docenas de países.

Probablemente se le de bien la política exterior bilateral y transaccional que Trump parece apoyar, a juzgar por la retórica de campaña del presidente entrante acerca de hacer que los aliados de la OTAN “paguen” por la defensa mutua. Está menos claro que pueda llegar a un consenso sobre temas difíciles como el cambio climático o el acuerdo nuclear con Irán. Exxon, sin embargo, acabó apoyando la idea de un impuesto mundial sobre el carbono durante el mandato de Tillerson y suscribe públicamente el acuerdo de París sobre cambio climático.

Exxon logró un acuerdo de exploración de crudo con Rosneft en 2011 por 3.000 millones de euros

Pero los aspectos positivos están siendo eclipsados por sus conexiones con Rusia, donde se curtió como empresario. Allí desarrolló vínculos con Putin y su ex colega en la KGB Igor Sechin, presidente ejecutivo de la estatal Rosneft, con la que Tillerson logró un acuerdo de exploración de crudo por 3.000 millones de euros en 2011. Putin otorgó luego a Tillerson una de las mayores distinciones civiles rusas. Los socios descubrieron grandes reservas de petróleo en el Ártico antes de que Exxon congelara el proyecto en 2014 en medio de la escalada de sanciones estadounidenses por Ucrania.

Importantes senadores de EE UU están pidiendo ya una investigación para determinar si Putin ayudó de forma activa a Trump en su campaña. Así que nombrar a un ejecutivo cuyas relaciones con Rusia a veces han enfrentado los intereses de su compañía con los de EE UU sería echar gasolina al fuego. El republicano Marco Rubio, que participa en la Comisión de Relaciones Exteriores que se encargará de su nombramiento, ya ha expresado escepticismo. Quizás Trump esté yendo demasiado lejos.

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