Tarjetas opacas

Blesa y Rato piden que se les juzgue por las 'black', no por una era

Critican que antes del fallo ya se les ha “cortado la cabeza”.

San Fernando de Henares

“No se pueden juzgar con los ojos de hoy, los hechos de ayer. No podemos mezclar las tarjetas con la crisis de Bankia”, ha reclamado este viernes Carlos Aguilar, abogado del expresidente de Caja Madrid Miguel Blesa, durante el alegato final de defensa en el juicio por las tarjetas black.

“Nada tiene que ver el tema de las tarjetas con la crisis de Bankia. Hay que juzgar los hechos de ayer con los ojos de ayer. Si no, podemos incurrir en sesgo retrospectivo. Sabiendo lo que ha pasado en Caja Madrid, podemos achacarlo a lo que pasó antes”, ha expuesto el letrado aseverando que los hechos que juzga la Audiencia Nacional en los últimos meses “no son hechos constitutivos de delito”.

“Se quiere hacer al señor Blesa el pagano de todas las responsabilidades”, ha manifestado Augilar, exponiendo que se le hace responsable subsidiario por ejemplo de todos los gastos de los titulares de las tarjetas bajo su presidencia, más de nueve de los 12 millones que se cagaron a las visas black entre 2003 y 2012.

El proceso, ha aseverado el abogado de Blesa, se ha constituido siguiendo “el criterio de la reina de corazones en Alicia en el País de las Maravillas, pidiendo que se les corte la cabeza” a los acusados antes de la sentencia.

Aguilar ha comparado el escándalo mediático que ha despertado el caso con la escena de la película Casablanca en que el comisario Renault cuando clausura el local de Rick argumentando que ha descubierto un escándalo, pues allí se juega, mientras un croupier le entrega sus propias ganancias. “Las tarjetas eran conocidas por todos”, ha asegurado el letrado.

También Ignacio Ayala, el abogado del expresidente de Caja Madrid y Bankia Rodrigo Rato, ha incidido en estos puntos poco después, poniendo en cuestión la posibilidad de que más de 100 personas, 65 aquí sentadas, que han estado en esos órganos de gobierno” hayan mantentenido “un pacto desde hace 23 años ,en el que todos se han peuesto de acuerdo para usar estas tarjetas” de forma ilícita y sin que nadie se entere.

“La situación exige 65 juicios individualizados”, ha reclamado Ayala, advirtiendo que si no “terminemos por juzgar una época, un modelo, una historia. Que se realice un juicio moral” sobre la gestión de una entidad que acabó rescatada en lugar de analizar los hechos que atañen puramente a las tarjetas.

La hoja de Excel

Ambos letrados han centrado buena parte de sus alegatos finales de defensa en atacar la que se considera principal prueba de cargo el caso, la hoja de Excel que contiene el desglose de todos los gastos realizados por los titulares de las tarjetas, a los que se achaca cargos de 12 millones de euros entre 2003 y 2012.

“Para acreditar si la contabilidad es cierta se exigen no solo los registros contables sino documentales. El Excel es la manipulación informática que se ha querido hacer, pero eso no dota de realidad a lo que hay en la contabilidad. Es un registro que exige un soporte documental, un cargo, un abono, un papel. Y aquí no lo hay. No es que no exista, es que no lo han querido traer”, ha dicho Aguilar.

“El Excel no es un documento, es una recreación informática a través de un programa diseñado para poder hacer variables. Lo han cargado con los datos que lo han querido cargar. Dicen que no hubo intervención de mano humana dicen, ¿qué ha sido por intervención divina?”, se ha mofado.

“La prueba definitiva de la acusación no es incontestable. Se pone en duda. Buena pruba es la duda que suscita a los propios acusadores. Si fuera valida plenamente, ¿por qué hay que justificar tanto su valor?”, ha preguntado a la sala después el abogado de Rato, destacando que ha sido necesario el testimonio de varios testigos para aclarar su origen.

“Como el documento era ilegible, nos dicen, ya lo leemos nosotros. Lo volcamos y lo traemos de forma legilbe, dicen. ¿Pero quién lo certifica?”, se ha preguntado señalando que el documento lo aporta la propia Bankia. “Esta es una prueba que importa la acusación particular. La aporta una parte interesada que dice que está perjudicada. Es una prueba que aporta quien no está revestido de imparcialidad”, ha rematado Ayala, diciendo que si fuera un documento aportado por las unidades de investigación de la Policía se hubiera reclamado la documentación original que lo soporta.

La herencia de Terceiro

El abogado de Blesa ha mantenido que las principales pruebas aportadas por las acusaciones han sido “manipuladas”. “Se intenta proyectar una sombra, envilecer, cuando no hay nada parecido”, ha dicho Aguilar exponiendo que “ la gestión de estas tarjetas ha sido exactamente la misma desde mayo del 88 a 2012. El sistema ha sido siempre el mismo y es perfectamente conocible a cualquiera que tuviera no solo la facultad, sino la obligación de revisarlas”, ha expuesto.

La tesis del defensor de Blesa es que las tarjetas tienen origen, y amparo normativo, en las decisiones adoptadas durante la presidencia de Caja Madrid de Jaime Terceiro. “Es preciso dignificar la asistencia de los consejeros a las reuniones, problema que no se resuelve con la elevación de dietas”, ha dicho citando las actas del año 1988, que según él dieron lugar a las visas que luego heredo Blesa.

Ayala se ha basado para sostenerlo en un documento de diciembre de 1988 remitido a la consejera Pilar Becerril por el entonces secretario del consejo Ángel Monteiro en el que se remitía la tarjeta, con un límite de 90.000 pesetas de gasto, y la promesa de enviarle posteriormente la clave PIN para que pudiera sacar dinero de cajeros.

“No se dice que sea para gastos de representación. Ni que se tenga que justificar. Que los gastos deban ser prudentes y que los hoteles sean de dos estrellas o se usen con austeridad franciscana”, ha subrayado criticando que, en su declaración como testigo Terceiro asegurara que en su época no se daba el PIN porque interrumpía la trazabilidad del uso de las visas.

“Sobre esa piedra erigió su argumentación pero la piedra se cae. Hubo PIN desde le principio. Había un circuito para estas tarjetas, nada había de ocultación”, ha añadido Aguilar, aduciendo que al llegar Blesa al cargo “las tarjetas se mantuvieron exactamente igual como estaban para el presidente Terceiro”.

Ayala ha expuesto que “los gastos de representación pueden ser de libre disposición y están exentos de tributación” y que aunque la legislación de la Comunidad de Madrid no contemplara más pago que el de dietas y compensación de gastos, la ley de cajas ampara una retribución.

El abogado de Blesa ha culminado reclamando que, aunque la sala termine dictando una sentencia condenatoria, debe tener en cuenta el atenuante de que su defendido haya puesto a disposición sus bienes, ya embargados, para hacer frente a los 436.688 euros que gasto con su visa, circunstancia que el fiscal no aprecia en su caso.

La disputa entre Bankia y el FROB

Bajo un silencio sepulcral de los 65 acusados presentes en la sala, a diferencia de los continuos murmullos y quejas que despertaron las conclusiones finales de las distintas acusaciones personadas, ha tomado la palabra el abogado de Rato.

Ayala ha arrancado su alegato criticando la actuación de las acusaciones, subrayando que la disputa entre Bankia y el FROB por aclarar ahora quién tiene derecho a quedarse el dinero que se pueda recuperar demuestra que una de las dos partes sobraba en la causa.

“Se ha probado, y nadie discute, que existieron las tarjetas y se usaron”, ha admitido el letrado de Rato para preguntar después que lo que no queda claro es qué tipo de tarjetas eran o en qué se utilizaron.

“No es un juicio de tarjetas. Se habla de las black pero es un juicio por remuneraciones, no por gastos”, ha defendido Ayala en línea con su cliente, sosteniendo que las tarjetas eran un mero instrumento de liquidez.

Los testigos no citados

El letrado del también exvicepresidnete económico del Gobierno ha destacado su “perplejidad ante el ejercicio palmario de la insuficiencia de la prueba” dadas las quejas de las acusaciones por no haber podido interrogar a los testigos a los que renunciaron los abogados defensores, al no haberlos citado ellos mismos.

“Pobres acusaciones a las que las defensas les hemos privado de los testigos. Se han quejado de que les hemos impedido, que se ha obstaculizado. Hombre solo faltaba tener que colaborar con las acusaciones, traer nosotros los testigos que ellos necesitan”, ha dicho, concluyendo que si las acusaciones tenían la declaración de estos testigos por un testimonio probatorio, su ausencia supone que no se ha podido probar nada más.

Dos presidencias distintas y un héroe mediático

“No es un juicio contra los presidentes, se habla de Blesa y Rato. El señor Blesa tomó sus decisiones como las tuvo que tomar Rato. No es una presidencia siamesa. Son dos épocas distintas. Sus conductas se deben enjuiciar por separado”, ha dicho el abogado buscando separar las valoraciones de cada época.

En cuanto a la gestión que atañe a su cliente, que fue presidente de Caja Madrid y luego de Bankia entre 2010 y 2012, Ayala ha señalado las contradicciones del principal testigo de cargo, el que fue consejero delegado de Bankia, Francisco Verdú, y uno de los pocos receptores de las visas opacas que nunca la usó.

“Que Rato le ofreció la tarjeta es un hecho. Pero él no la rechazó porque la guardó en el cajón de su mesa y solo la devolvió a recursos humanos cuando Rato se fue”, ha dicho criticando que si Verdú, como dijo, detectó en la visa una mala praxis bancaria debió denunciarlo y no “silenciar su existencia”.

Ayala sostiene que Verdu ha ido alimentando su versión de los hechos al calor de la imagen de hombre justo entre pecadores que le han concedido los medios de comunicación y sumido en la presión de la investigación judicial.

“Verdú, gallardo defensor de los interese de la banca, observador de la buena praxis bancaria, la guarda en un cajón. Esto que iba a salir en los papeles”, ha dicho Ayala citando las palabras de Verdú, no lo denunció en su día.

“Hay que ser muy gallardo para decir la verdad y renunciar a ser el héroe de la opinión pública”, ha dicho el abogado de Rato aseverando que la literatura psicológica recoge este tipo de “acomodo” de la versión del testigo a los hechos posteriores.

Los alegatos de los abogados de Rato y Blesa han dado el pistoletazo de salida este viernes a la fase final del juicio por las tarjetas black, en el que deben intervenir aún otros 42 letrados en nombre de 63 acusados. A falta de saber si el turno de las defensas podrá concluir antes de Navidad, la sentencia no se espera ya antes del próximo año.

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