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La antiausteridad de la UE lo tiene difícil

El plan de aumento del gasto de la Comisión Europea requerirá que los países ricos ayuden a los que tienen problemas

Pierre Moscovici, comisario europeo de Asuntos Económicos.
Pierre Moscovici, comisario europeo de Asuntos Económicos.

El viraje europeo antiausteridad lo tiene complicado. La Comisión Europea quiere que los países de la zona euro aumenten el gasto en un 0,5% del PIB el próximo año. Es un intento tardío para prevenir las revueltas contra el sistema. Para que hubiera un cambio real, los países ricos tendrían que ayudar a los que se encuentran en apuros.

La propuesta significa reconocer que las restricciones fiscales no funcionan para la región en su conjunto. Los límites nacionales al déficit hacen que la política general sea demasiado rigurosa. El déficit presupuestario combinado de la zona será del 1,6% del PIB el próximo año, aunque el desempleo está por encima del 10%.

El sistema también agrava la divergencia entre los Estados. Países como Italia, donde el desempleo juvenil es de casi el 40%, están obligados a seguir escatimando inversión. Mientras, Alemania aspira al superávit fiscal.

Estas deficiencias podrían beneficiar a los partidos de Francia, Italia y los Países Bajos que abogan por dejar el euro o la UE. La falta de estímulo fiscal también ha obligado al BCE a situar los tipos en negativo, para disgusto de los ahorradores alemanes.

El plan de aumento del gasto de la Comisión Europea requerirá que los países ricos ayuden a los que tienen problemas

La propuesta de la CE es que la región gaste hasta el 0,5% del PIB –cerca de 50.000 millones– en infraestructuras y otros proyectos. Eso significa que Alemania y los Países Bajos tendrán que aportar más, pues Italia, España o Francia aún estarán obligados a reducir el déficit. La CE espera que el estímulo supere la mitad de la diferencia entre la producción actual de la zona y su potencial. La mejor opción sería que los países ricos inyectaran el dinero a los más débiles.

La propuesta implicaría que Alemania aumentara el gasto más de un 1% del PIB. Angela Merkel, que se enfrenta a unas elecciones cruciales en 2017, se ha comprometido a no asumir nuevas deudas hasta el final de la década. A los votantes podría convencerles la promesa de que subir el gasto permitiría al BCE relajar sus políticas y aumentar los tipos. Una oferta tan desalentadora como esta puede ser la mejor esperanza para Europa.

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