El futuro del comercio mundial

Los exportadores no temen al proteccionismo de Donald Trump

Economía ha recogido este año 16 denuncias de empresas por prácticas contrarias al libre comercio en EE UU

Comercio exterior de Estados Unidos Ampliar foto

España será uno de los países menos afectados si finalmente el presidente electo de EE UU opta por la imposición de aranceles a las importaciones. Estados Unidos apenas absorbe el 4,4% de las exportaciones españolas y es el responsable del 4,6% de las importaciones españolas. En cuanto a la inversión, las compañías estadounidenses invirtieron 1.581 millones de euros en 2015, un 7,3% del total. Unos porcentajes muy pobres que aíslan a España del choque que ha supuesto que Donald Trump haya ganado las elecciones en EE UU y que tenga pensado (otra cosa es que lo lleve a cabo) aplicar sus postulados proteccionistas. Estos tendrán reflejo en la imposición de aranceles abusivos a las exportaciones de Latinoamérica y Asia, a cuyas fábricas se ha trasladado en las dos últimas décadas gran parte del tejido industrial norteamericano en busca de costes más bajos. El objetivo de Trump es recuperarlas.

Las empresas españolas siguen bajo el paraguas de la Unión Europea (el 70% de las exportaciones se dirigen a los 28 países de la UE) y ni ocho años de crisis les han hecho cambiar de opinión respecto a que el refugio más seguro para sus ventas sigue siendo el perímetro de proximidad. Todo ello pese a que el crecimiento de sus países vecinos es anémico y que las perspectivas a corto y medio plazo apuntan a un estancamiento secular de la economía de la UE. Todo lo contrario sucede en EE UU, con crecimientos del PIB mucho más elevados.

Los principales perjudicados serán China, México y Canadá, que aglutinan el 47% de las compras de bienes de EE UU a oros países

¿Cómo afrontan los grandes sectores exportadores este nuevo escenario mundial tendente al proteccionismo? Los fabricantes de bienes de equipo, de automóviles y de alimentos suman más del 50% de las exportaciones de bienes. Los portavoces consultados por Cinco Días aseguran que cualquier medida que impulse el proteccionismo es mala para sus intereses, aunque recalcan que precisamente EE UU no es un mercado abierto, ya que tiene aranceles y barreras no arancelarias que impiden un acceso normal. Esos obstáculos, de hecho, estaban encima de la mesa de las negociaciones del tratado de libre comercio entre EE UU y la UE (más conocido como TTIP) que queda paralizada, a la espera de si sufren modificaciones sustanciales el NAFTA (pacto con Canadá y México) y el Tratado Transpacífico (con doce naciones americanas y asiáticas).

La Secretaría de Estado de Comercio tiene habilitada en su página web un apartado en el que tanto el Ejecutivo como las empresas pueden denunciar la existencia de barreras arancelarias como no arancelarias en sus relaciones comerciales con otros países. En el caso de EE UU se han registrado 16 denuncias por prácticas que van contra el libre comercio en los últimos doce meses. En el caso de aranceles elevados a las exportaciones españolas, un informe del 11 de enero detecta que se están aplicando en productos como tabaco, cacahuetes, frutas y verduras, tejidos de lana, calzado, azulejos y baldosas y vajillas cerámicas para hostelería. Un caso paradigmático es de la industria de azulejos, que soporta un arancel del 8,5% a sus exportaciones, lo que le aleja de los dos mayores vendedores (Brasil y México). Ninguno de los bienes que venden están gravados al beneficiarse de la ausencia de aranceles entre EE UU y Mercosur.

Si el análisis se limite a barreras no arancelarias, el gran perjudicado dentro de los sectores más exportadores es el de los alimentos. Así sucede con una denuncia registrada a finales de enero respecto a vino y bebidas alcohólicas, en el que las empresas denuncian que deben pasar por una triple cadena de intermediarios para vender sus productos (en cada una de ellas se pagan impuestos) mientras que los productores locales pueden comercializar sus productos si cuenta con licencia de distribuidor.

Uno de los sectores más protegidos por su relevante peso en EE UU es de la carne de vacuno. La venta de carne no procesada desde España está prohibida, con la excepción del jamón serrano, ibérico o paletilla. En esos tres casos se permite la venta siempre y cuando el animal haya sido tratado y sacrificado en un establecimiento autorizado por EE UU. El Ministerio de Agricultura negocia desde hace tiempo que esas excepciones se hagan en toda la carne de vacuno y era uno de los puntos de roce en las negociaciones del TTIP dejadas en standby .

Pero el caso más representativo de ese perfil proteccionista es el de la compra pública. Existen dos cláusulas que se aplican sobre las compras públicas en el sector del transporte que tengan subvención federal, a las contrataciones públicas de bienes en general y a las realizadas por el departamento de Defensa. En todas ellas tienen preferencia los productores locales. En algunos casos hay una exigencia de que el producto sea elaborado con material 100% estadounidense y sea elaborado, al menos en su parte final (ensamblaje final) en EE UU. Solo se aplican tres excepciones: que el contrato suponga una carga excesiva para el gobierno por su elevado coste, que el producto no está disponible en el mercado doméstico en cantidad suficiente o si resultase en beneficio del interés público.

En el caso de la automoción, los fabricantes españoles venden 42.433 vehículos, apenas un 2,87% del total. En este caso, el problema no es tanto de aranceles como el hecho de que el Ejecutivo de EEUU no reconoce muchas de las piezas de la producción, lo que obligaría a asumir un coste a los fabricantes que les restaría competitividad.

Reacciones internacionales

CHINA. El presidente chino Xi Jinping mantuvo el lunes su primera conversación con el presidente electo de EEUU, Donald Trump, al que felicitó por su victoria. “Los hechos prueban que la cooperación es la única opción correcta para China y Estados Unidos”, dijo Xi a Trump, de acuerdo a la CCTV. Por su parte, Trump confirmó su voluntad en trabajar con China para fortalecer la cooperación bilateral y afirmó que cree que las relaciones entre las dos primeras economías mundiales “pueden definitivamente lograr un desarrollo superior. China es un gran e importante país, cuyo desarrollo sorprendió al mundo. Estados Unidos y China pueden lograr beneficiarse mutuamente”, añadió el próximo inquilino de la Casa Blanca, citado por la prensa estatal china. Un tono alejado de las amenazas de la campaña. En ella acusó a China de robar empleos estadounidenses, les amenazó con aprobar aranceles a sus importaciones y prometió declarar a ese país como manipulador de su divisa, lo que acarrearía sanciones por parte de Washington.

JAPÓN. El primer ministro nipón, Shinzo Abe, admitió el lunes por primera vez que el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) encara un futuro difícil después de que Donald Trump, contrario al pacto que liberaliza los intercambios de EEUU, México, Canadá, Perú y Chile con siete naciones asiáticas (Brunei, Singapur, Nueva Zelanda, Australia, Japón, Malaisia y Vietnam). “Para ser franco, debo reconocer que el TPP se ha topado con circunstancias difíciles”, dijo Abe ante un comité del Senado encargado de la ratificación del acuerdo de comercio multilateral. “Pero esto no quiere decir que esté acabado. Ahora mismo, con el cambio de Gobierno en Estados Unidos, es el momento de que nuestro país tome el liderazgo para intentar que entre en vigor lo más pronto posible”, añadió en declaraciones recogidas por la agencia Kyodo.

BCE. El vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Vítor Constancio, advirtió el lunes de los efectos económicos negativos que puede tener la posibilidad de que EE UU aplique políticas proteccionistas. “La política proteccionista puede mitigar o, incluso, revertir el crecimiento y colapsar el comercio mundial, dañando todas las economías abiertas que dependen de las exportaciones”, remarcó. Constancio señaló que esa política proteccionista podría dejar sin efecto los estímulos fiscales que prevé aplicar Trump en su plan para renovar las obsoletas infraestructuras. “Estos estímulos pueden romper la trampa de liquidez que ha dificultado el crecimiento en algunas economías avanzadas”, apuntó.

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