Elecciones EE UU 2016

Elecciones EE UU 2016: La rebelión de las urnas agrava la división de la UE

El triunfo de Trump supone la llegada por primera vez de un líder antisistema a la Casa Blanca, el mayor centro de poder político del mundo”

Elecciones Estados Unidos 2016
Protestas en Los Ángeles tras la victoria de Trump REUTERS

La rebelión de las urnas ganó ayer una fuerza incalculable en todo el planeta tras la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EE UU. El huracán provocado por la victoria del multimillonario estadounidense parece llamado a sentirse en todo el mundo porque su programa electoral anuncia una ruptura casi total con el orden vigente desde la Segunda Guerra Mundial.

Pero los efectos políticos pueden resultar especialmente devastadores en la Unión Europea, donde la victoria de Trump agrava peligrosamente una división nacida de la crisis del euro en 2010, reavivada con el drama de los refugiados en 2015 y coronada con la primera escisión en la historia del club tras la victoria del brexit en Reino Unido.

“Los hechos de los últimos días y meses deben interpretarse como una señal de aviso para quienes creen en la democracia liberal”, comentó ayer el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, tras la victoria de Trump.

La brecha en el seno del club europeo se puso ayer mismo de manifiesto, con una reacción a la victoria de Trump precavida y hasta gélida en las principales capitales europeas (Bruselas, Berlín o París) y una respuesta calurosa entre los grupos euroescépticos de Gobierno u oposición en Hungría, Francia, Holanda o Austria.

Los primeros temen que la victoria de Trump propulse a los partidos euroescépticos, tanto por el apoyo directo del futuro presidente de EE UU (que alentó el brexit) como por el indirecto que supone la pátina de presunta normalidad que cubrirá a partir de ahora casi cualquier propuesta proteccionista, xenófoba o ultranacionalista.

Fabian Zuleeg, economista-jefe del centro de estudios EPC (European Policy Centre), señala que “la política del miedo no es un fenómeno puramente europeo como se ha visto al otro lado del Atlántico, pero la UE es mucho más vulnerable ante un latigazo populista”.

Líderes como el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, o la aspirante a presidir la república francesa, Marine Le Pen, habían sido hasta ahora estigmatizados en Bruselas como los representantes de una derecha rancia, retrógrada y trasnochada. Su discurso contará ahora con un espejo en la Casa Blanca con lo que ello conlleva de validación ante amplias capas de la opinión pública.

Con contadas excepciones, como la pena de muerte o la tolerancia de las armas de fuego, gran parte de las tendencias políticas que triunfan en Estados Unidos acaban cruzando el Atlántico. Y Europa abraza unas veces, y otras se resigna, a fenómenos triviales como la mediatización de la política o tan graves como las cárceles secretas y las prácticas de tortura adoptadas durante los mandatos de George W. Bush (2000-2008).

En esta ocasión, además, el fenómeno Trump caerá sobre un caldo de cultivo europeo muy propicio porque grupos similares ya comparten el poder (en Finlandia, Dinamarca o Eslovaquia) o parecen a punto de alcanzarlo (como la presidencia del República en Austria). A ello se añade la deriva de grupos más tradicionales, como el de Orban, compañero de partido de Merkel y Rajoy a nivel europeo, pero que se ha convertido en el único Gobierno de la UE que respaldó a Trump durante la campaña.

Berlín ya maniobra para intentar que Trump no se convierta en una peligrosa cuña para la Unión Europea. Y el Gobierno alemán intenta tejer un frente común para evitar, sobre todo, que el efecto contagio cruce el Atlántico e impulse los movimientos euroescépticos y renacionalizadores.

La canciller alemana ya había convocado, incluso antes de conocer el resultado, una minicumbre para el 18 de noviembre a la que tienen previsto asistir las principales potencias europeas (Francia, Reino Unido, Italia y España), además del presidente saliente de EE UU, Barack Obama.

Pero la derrota de la candidata demócrata Hillary Clinton puede obligar a acelerar los preparativos y los ministros de Asuntos Exteriores de la UE ya ultiman un encuentro informal para este mismo domingo. El titular español, Alfonso Dastis, tiene previsto asistir a la cita si llega a confirmarse. En todo caso, el lunes los ministros de Exteriores tienen una reunión formal ya prevista en Bruselas en la que, con toda probabilidad, se analizarán las consecuencias del giro de EE UU.

El impacto económico de la agenda proteccionista de Trump amenaza, especialmente, a China, Canadá y México, los tres principales socios comerciales de EE UU, según apuntaba ayer mismo un informe de la agencia Moody’s. Pero Europa también podría sentir las consecuencias si Trump confirma la suspensión de las negociaciones del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP), que Bruselas y Washington negocian desde hace cuatro años.

Trump también plantea reducir el gasto militar de EE UU, que supone el 75% del de la OTAN, lo que podrá obligar a los aliados europeos a elevar los presupuestos de defensa.

Con todo, el principal temor de Bruselas es político. “Las fuerzas antiliberales en Europa se sentirán reforzadas, lo cual hará la cooperación dentro de la UE más difícil y supondrá un riesgo aún mayor en las próximas elecciones que haya en el continente”, advierte Zuleeg.

La revuelta popular soplaba ya en Occidente, propulsada por un peligroso cóctel de falta de representatividad (real o percibida), de angustia por la revolución tecnológica y la consiguiente transformación del mercado laboral y de pánico ante unos flujos migratorios aparentemente incontrolados.

Pero el triunfo del multimillonario estadounidense supone la llegada por primera vez de un representante del movimiento antisistema a la Casa Blanca, el mayor centro de poder político del mundo. Y los grupos similares a Trump se sienten reivindicados por el triunfo de “uno de los suyos”.

Algunos de esos movimientos apuntan a la ruptura de la Unión Europea y de la zona euro, como el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia o el Partido de la Libertad de Geert Wilders en Holanda. Otros van más allá de las estructuras institucionales y cuestionan también la democracia liberal que ha regido en Occidente desde la Segunda Guerra Mundial. En ese grupo militan desde Orban, primer ministro de un país de la UE como Hungría, hasta el presidente ruso, Vladimir Putin, o el de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. Es probable que la democracia resista el envite. No es tan seguro que resista la UE.

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