Tribuna

La muerte del Estado del bienestar

El problema español no es el gasto público. Es y será la incapacidad para aportar el dinero necesario para financiarlo y “hacerlo sostenible”

Billetes de 10 euros. EFEArchivo
Billetes de 10 euros. EFE/Archivo EFE

Entre todos lo mataron y él solito se murió. Con frecuencia los refranes nos pueden hacer reflexionar sobre hechos importantes en nuestras vidas. Después de los enormes avances que España ha logrado en el orden económico y social desde la Constitución de 1978, podemos estar haciendo historia al comenzar su destrucción.

A raíz de la crisis económica de 2008, la evolución de nuestros ingresos y gastos públicos nos muestra un escenario complejo y un futuro difícil. Como sabemos, los gastos que acometemos, tanto en el orden privado como en el público, dependen de los ingresos que seamos capaces de aportar para financiarlos. Este principio básico a veces no se cumple. De esta manera, el sector privado se endeuda para hacer frente a más gastos que los que puede atender cuando todo va bien y el sector público lo hace cuando todo va mal.

Así, venimos cerrando nuestras cuentas públicas con déficits anuales que hacen crecer nuestra deuda pública. ¿Podemos endeudarnos de por vida? Tan serio es el asunto que la Unión Europea ha adoptado directrices para que todos sus países miembros cumplan con el equilibrio presupuestario y se controlen los déficits excesivos.

Dicho esto, debo señalar que el problema español no es, como dicen muchos, el gasto público. Todo lo contrario. Es y será, durante algunos años más, la incapacidad de los españoles para aportar el dinero necesario para financiarlo y, aquí está lo principal, hacerlo sostenible. Dicha insuficiencia no procede de tener una baja fiscalidad. Se debe a una reducida recaudación, tanto tributaria como de Seguridad Social. De los hasta ahora 28 países miembros de la UE, España ocupa el puesto 22, por detrás de Grecia o Portugal, en ingresos públicos. El caso del IVA es una muestra: solo Italia e Irlanda logran menos ingresos tributarios que nosotros. Si analizamos la evolución de los ingresos públicos durante la crisis, observamos que en la mayor parte de los socios comunitarios crecen sus aportaciones a la Hacienda pública, salvo Chipre, Irlanda, España y Grecia. Los ingresos que más han retrocedido en nuestro país, respecto a la media de la UE y durante el periodo de crisis, han sido los procedentes del impuesto de sociedades, las cotizaciones sociales y el IRPF.

"Muchos piden más gasto público y a la vez menos aportes a la Hacienda pública para atenderlo, una ecuación imposible"

Las cifras son obstinadas y parece que contradicen algunos férreos posicionamientos sociales y políticos. En 2007, España gastaba unos 421.000 millones de euros, de los que unos 357.000 lo eran para gasto social (prestaciones sociales, pensiones, sanidad, educación y gasto corriente en general) y el resto, 64.000, para inversiones. Para financiarlo, aportábamos unos 442.000. El resultado era un superávit presupuestario de cerca de 21.000 millones. Por tanto, parecía que todo iba bien.

Ahora, con cifras provisionales de cierre del 2015, gastamos un 11% más y recaudamos un 6,5% menos que en 2007. Esta situación nos lleva a cerrar las cuentas públicas de 2015 con un déficit de 55.000 millones. De los 468.000 que gastamos en 2015, 436 son para gasto social, lo que supone una subida de unos 79.000 millones, un 22% más que en 2007. El ingreso público se cierra con 413.000 millones, es decir, cae unos 29.000 millones respecto a las cifras de 2007, por lo que el mayor gasto hay que financiarlo con endeudamiento.

Por tanto, parece que no existen recortes en gasto social, es más, este ha crecido de manera espectacular. Ello es razonable, pues la crisis económica ha provocado situaciones difíciles a las que ha habido que atender.

La situación es complicada y se hace aún más si comprobamos que este gasto no ha podido ser cubierto con el ingreso público en ninguno de los ocho años anteriores, cerrando con un déficit anual medio de unos 93.0000 millones con el Gobierno socialista y de 62.500 millones con el popular. El resultado es que en estos años hemos incorporado a la deuda pública una cantidad cercana a los 550.000 millones, cifra superior a todo el presupuesto de gasto público de España de 2015 y que la sitúan por encima del billón de euros. ¿Hasta donde vamos a llegar? ¿Quién lo pagará? Cierta es la frase de William Lyon Mackenzie King, primer ministro de Canadá entre 1921 y1943, de que “las promesas que hicieron los políticos de ayer son los impuestos de hoy”.

Es pues muy difícil equilibrar nuestras cuentas públicas con un gasto corriente que crece constantemente y unos ingresos que no son capaces de financiarlo. Esta situación parece anunciar una insostenibilidad en los servicios públicos que debiera hacernos pensar en adoptar medidas urgentísimas para garantizar, a las generaciones futuras, el sistema de bienestar social que hoy tenemos, aunque este sea criticado por algunos. España se encuentra en el puesto 26 de todos los países del mundo respecto a su gasto público por habitante, subiéndolo, desde 1980, de unos 800 euros a los 10.068 euros de 2015. Hoy, para quien en 1980 no había nacido, es muy difícil comprender este enorme avance.

Muchos piden más gasto público y a la vez menos aportes a la Hacienda pública para atenderlo, una ecuación imposible. Es por ello que el refrán de entre todos la mataron y ella sola se murió debe hacernos reflexionar.

Juan Manuel Ruiz Galdón es profesor de la Universidad de Málaga. Economista.

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