El nuevo Gobierno de Rajoy

Báñez o cómo lidiar con los toros más difíciles

Fátima Báñez se ha ganado el respeto de muchos de sus interlocutores sociales y laborales También tiene fama de dura negociadora a la que no se logra sacar prácticamente nada

La reforma de las pensiones será su principal y más inmediato reto

Fátima Báñez.
Fátima Báñez.

A Fátima Báñez (San Juan del Puerto, Huelva, 1967) le tocó lidiar el toro más difícil en la pasada legislatura. Y, ahora, una vez encarrilada la recuperación del mercado laboral tendrá que afrontar una faena no menos complicada: buscar la sostenibilidad financiera del sistema de pensiones, al borde de la quiebra técnica.

Cuando se convirtió en Ministra de Empleo y Seguridad Social el 22 de diciembre de 2011, en España la cifra de parados superaba ampliamente los cinco millones y el desempleo era la principal procupación, con diferencia, de los españoles.

No era una diputada conocida, a pesar de estar en la Carrera de San Jerónimo desde el año 2000, pero quienes frecuentaban el Congreso de los Diputados coincidían en sus referencias: con Cristóbal Montoro, eran los dos fieles escuderos económicos parlamentarios de Mariano Rajoy.

Ese trabajo de campo en el Congreso durante más de una década y su formación como jurista, le sirvió a Báñez para meterse de lleno en el terreno laboral y empezar a negociar con unos y otros. El diálogo social había sido uno de los pilares sobre los que habían construido los anteriores gobiernos populares la bonanza económica, pero cuando ella se convirtió en ministra, sus interlocutores (empresarios y sindicatos) al otro lado de la mesa estaban asfixiados por la crisis económica.

No lo tuvo fácil y no logró pactar con los interlocutores sociales los cambios urgentes en el mercado laboral que le exigía el presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy. Pero la falta de acuerdo no la paró ni a ella ni al Gobierno y en febrero de 2012 se aprobó, por decreto, una de las reformas laborales más polémicas de las últimas décadas. Aún tendría que ver llegar un millón de empleos destruidos más al albur de esta reforma.

Pero, aguantó, y Báñez ha recogido también los frutos de la recuperación económica y ha visto como volvían las contrataciones al mercado laboral y se va, después de cinco años, con un millón de parados menos y 1,5 millones de ocupados más. En este escenario tendrá también que contribuir a cumplir la promesa de Mariano Rajoy de volver a conseguir 20 millones de ocupados al final de la próxima legislatura, para lo que tendrán que crearse medio millón de empleos al año. Y, al tiempo, deberá poner en marcha el pacto con Ciudadanos, que le obliga a hacer cambios sustanciales en la contratación.

Aunque el mercado laboral ha quedado muy maltrecho, con salarios más bajos y empleo más precario y, por tanto, menores aportaciones a la Seguridad Social. Los preocupantes números rojos del sistema de pensiones --con un déficit anual de cerca de los 17.000 millones de euros-- es, precisamente, el principal reto que Báñez tendrá que lidiar a partir de ahora. Aunque también hizo una reforma silenciosa de las pensiones en 2013, aún queda lo más difícil por hacer para hacer el sistema viable financieramente.

Por el camino, se ha ganado el respeto de muchos de sus interlocutores en el terreno social y laboral. Aunque, al tiempo, también se ha ganado fama de dura negociadora, a la que no se le logra sacar prácticamente nada. Por ello, quizás la tarea de lograr un gran pacto nacional en el ámbito parlamentario y con los agentes sociales para reformar las pensiones le exigirá practicar, más que nunca, cintura negociadora.

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