Editorial

Renovar el crédito para consumir

El crédito de la banca española a las pymes y y al mercado hipotecario guarda paralelismo en precios con respecto al resto de Europa. Sin embargo, en el crédito al consumo se produce una divergencia en la que la banca española marca unos tipos sensiblemente superiores a los del resto del mercado continental. Salvo en los casos llamativos de Grecia o de Estonia, un préstamo bancario de fondos destinados al consumo presenta tarifas sensiblemente más caras que los países del entorno, a pesar de las exigencias comunes del BCE. Si se considera que esta dualidad se produce en una economía como la española, en la que el consumo es un pilar básico del crecimiento, y que la compra de automóviles, primer gasto por cuantía financiado del consumo privado, marca una línea ascendente de primer orden, la cuestión está en si la estrategia de las entidades está destinada a realizar un cambio de rumbo en el enfoque del negocio. Es esta una duda que aumenta de proporción en un momento en el que, aparte de los a menudo cuestionables créditos ultrarrápidos al consumo, el sector bancario está viviendo con intensidad la llegada de nuevos entrantes en la actividad. Cierto es que la estadística sobre confianza del consumidor no anima, pero afinar la política crediticia, sin descuidar el riesgo, siempre puede mejorar el negocio.

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