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Hungría echa leña al fuego europeo

Los votantes húngaros respondieron a la demostración de fuerza como se esperaba: la mayoría, ignorándola

Discurso del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, tras conocer los resultados del referéndum.
Discurso del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, tras conocer los resultados del referéndum.

Un referéndum, como una protesta masiva, es un mensaje que se puede leer de diferentes maneras. Y al igual que esta, no ha de tener éxito para tener un efecto duradero. La votación de Hungría sobre la posibilidad de rechazar un plan europeo para repartir los inmigrantes no comunitarios fracasó el domingo al acudir un número insuficiente de votantes a las urnas, pero echa más leña al fuego que arde en Europa.

Las cuotas a las que se opone el primer ministro conservador, Viktor Orbán, requieren que el país acepte menos de 1.300 migrantes. Alemania asume más de 17.000. Hungría, que recibirá de Europa 25.000 millones de euros en fondos para el desarrollo entre 2014 y 2020, necesita nuevos ciudadanos en edad de trabajar. En proporción a la población total, su fuerza laboral está cayendo más rápido que en todos los países europeos, salvo tres.

Los votantes húngaros respondieron a la demostración de fuerza como se esperaba: la mayoría, ignorándola. Aunque casi nadie votó a favor de las cuotas, la participación fue inferior al 40%, por debajo del 50% necesario para un resultado válido. Muchos oponentes de Orbán habían aconsejado a sus seguidores boicotear los comicios.

"La reivindicación de Orbán  concuerda con la afirmación de May: el libre comercio no tiene que depender de la libre circulación de personas"

Sin embargo, la votación no deja de ser preocupante: el 40% del electorado quiere rechazar el control de la UE sobre sus políticas de migración, una proporción demasiado grande como para que Europa haga caso omiso. La principal reivindicación de Orbán –que el país debería poder comerciar con Europa sin entregar el control de sus fronteras– concuerda con la reiterada afirmación de la líder británica, Theresa May, de que el libre comercio no tiene que depender de la libre circulación de personas. La posición por defecto de los líderes del corazón de Europa es que la pertenencia al mercado único es indivisible de la libre circulación. Puede que sea así ahora, pero quizás no por mucho tiempo. Europa no ha encontrado la manera de hacer que los votantes tengan tanta pasión por los ideales europeos como por la política interna. Orbán no será el último desafío de este tipo.

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