Editorial

Una hoja de ruta para el BCE

Janet Yellen, presidenta de la FED.
Janet Yellen, presidenta de la FED.

El Banco de Japón anunció ayer que dará un golpe de timón a su política monetaria –tras tres años de intensos estímulos– después de señalar que el país ya no está en deflación. La institución pone fin así oficialmente a un ciclo de caída de precios que ha durado casi dos largas décadas y que parecía haberse convertido en un mal insidioso y casi endémico para la economía nipona. Pese a todo, una cosa es el discurso oficial y otra son los datos. El último registro del IPC del país, de julio, arroja todavía una caída del 0,5% interanual, el mayor ritmo de retroceso de los últimos tres años. No es una señal halagüeña, pero no ha impedido que la institución monetaria certifique que la deflación ha dejado de ser una seña significativa de la economía japonesa.

 La hoja de ruta del Banco de Japón pasa ahora por suavizar su agresiva política de compras de activos, pero no por finalizarla. La institución la mantendrá hasta lograr el objetivo –de momento, más que lejano– de una inflación del 2%. También seguirá aplicando una tasa negativa de depósito a la banca japonesa y pondrá a trabajar toda su artillería para blindar los tipos de interés de la deuda a largo plazo y mantener el rendimiento del bono a diez años en su nivel actual, casi al cero. Entre las razones del Banco de Japón para cambiar de compás figura el efecto pernicioso que la política de tipos negativos ha tenido sobre la banca nipona, que tras la virulenta crisis inmobiliaria que el país sufrió en los 90 apenas ha logrado recuperar rentabilidad.

La vuelta de tuerca –para aflojar– de la política monetaria japonesa fue ayer recibida con alegría por unos mercados que esperaban expectantes la reunión de la Reserva Federal de EEUU. Como se esperaba, el organismo ha mantenido los tipos de interés sin cambios, algo más que previsible no tanto por las variables macro del país –que son lo suficientemente sólidas como para justificar un alza– como por el clima de campaña electoral. Todo apunta a que Janet Yellen elevará el precio del dinero en la reunión de noviembre, una medida que los mercados y la banca aguardan con mucho interés. Ello marcaría, además, el camino para que Europa emprenda, antes o después, un camino semejante y retire paulatinamente las muletas que apuntalan el sistema financiero y las economías europeas.

La situación económica europea, sin embargo, no es equiparable a la de Estados Unidos. Como ha advertido en reiteradas ocasiones Mario Draghi, presidente del BCE, las economías de la zona euro tienen pendientes serias reformas estructurales cuyo fin es flexibilizar la actividad e impulsar el crecimiento. Mientras ese proceso de transformación no se lleve a cabo, la recuperación en el Continente será frágil y desigual, y seguirá dependiendo de una política monetaria expansiva que no es inocua, sino que interfiere en el mercado y debería tener una fecha de caducidad.

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