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Más confusión que alegría en la deuda

La rentabilidad de la deuda soberana a largo plazo sube en el mundo desarrollado. Lo que suele ser un signo de optimismo en este caso muestra más bien incertidumbre.

Fed
La presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen.

El aumento de la rentabilidad de la deuda pública a largo plazo es generalmente un signo de optimismo económico. Esta vez no. Los rendimientos de la deuda pública a 10 años han subido, pero los costes de la financiación siguen siendo especialmente bajos y la tendencia al alza muy probablemente refleja la incertidumbre sobre las políticas de los bancos centrales.

Es un signo de los tiempos en que los movimientos de apenas unas décimas porcentuales son dignos de mención. La rentabilidad de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años se sitúa en el 1,69% –desde el 1,37% de principios de julio–. El cambio sorprende debido a que el precio de los bonos soberanos a largo plazo ha caído en todo el mundo desarrollado.

La rentabilidad de los bonos de

EE UU a 10 años se sitúa en el 1,69%, frente al 1,37% de principios de julio

Este giro refleja en parte el alivio por las limitadas consecuencias económicas del voto de Reino Unido en junio para salir de la Unión Europea, que desencadenó una lucha global por la seguridad. Por su parte, los encargados de fijar los tipos parecen darse cuenta de que sus esfuerzos para hacer descender los costes del endeudamiento pueden tener efectos secundarios desagradables. Unos rendimientos más bajos aumentan el valor de los pasivos futuros de fondos de pensiones y compañías de seguros, lo que les empuja a comprar más bonos soberanos, algo que a su vez empuja a la rentabilidad aún más a la baja.

A los bancos también les resulta más difícil ganar dinero cuando los costes de la financiación a largo plazo son bajos. Y, por supuesto, los ahorradores prefieren unos tipos más altos. Aun así, a parte de la Reserva Federal, que podría elevar los tipos de nuevo antes de final de año, ninguno de los principales bancos centrales está considerando públicamente impulsar una política monetaria más restrictiva.

Tampoco es que los rendimientos estén creciendo con gran fuerza –todavía son muy bajos–. El Banco de Pagos Internacionales apunta que la rentabilidad de los bonos en el mundo desarrollado han estado por debajo de las tasas de crecimiento del PIB nominal desde hace algún tiempo. Eso implica que los inversores esperan una desaceleración continuada. Si el crecimiento o la inflación se incrementaran, los rendimientos podrían subir. De momento, los bonos soberanos parecen apuntar a la confusión más que al optimismo sobre la economía mundial.

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