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La nuclear de Hinkley es un mal negocio

La aprobación por parte del Gobierno británico a la nueva planta nuclear es un sinsentido que podría costar caro a los consumidores, a los inversores y a Reino Unido.

Central nuclear de Hinkley (Reino Unido).
Central nuclear de Hinkley (Reino Unido).

Es raro que un acuerdo deje peor a ambas partes. Sin embargo, eso es lo que sucede con la nueva planta de energía nuclear de Reino Unido, que recibió ayer la tardía aprobación del Gobierno británico. Consumidores, inversores y el propio Reino Unido pueden acabar bañados en residuos tóxicos.

La economía de la construcción de Hinkley Point C por 18.000 millones de libras (21.150 millones de euros) no ha cambiado desde 2015 y sigue sin ser correcta. Los usuarios británicos de energía pagarán la diferencia entre lo que se ha prometido al operador EDF por megavatio hora y el precio de mercado. La situación no es mucho mejor para el grupo francés. EDF asegura que podría lograr una retabilidad de la inversión de alrededor del 9% anual, pero las plantas similares en curso en Francia y Finlandia han superado ampliamente los plazos y el presupuesto.

Desguazar la construcción de la central nuclear afectaría a futuras conversaciones con China

Reino Unido pierde también en otro sentido. El nuevo Gobierno está usando Hinkley como una revisión de su autoridad para intervenir en las adquisiciones extranjeras de infraestructura crítica. Hace más de una década, los legisladores sacaron deliberadamente la política de las fusiones. Las intervenciones se han limitado a cuestiones de seguridad nacional, pluralidad de los medios y estabilidad del sistema financiero. Ahora, el Gobierno cambia de idea pasando por alto el argumento de que Reino Unido es más abierto que lugares como Francia, China y Estados Unidos.

¿Por qué seguir adelante con un proyecto tan poco atractivo? La respuesta está en el brexit. La decisión de los votantes de salir de la Unión Europea significa que Reino Unido necesita amigos dispuestos a firmar acuerdos comerciales favorables. Desguazar Hinkley afectaría a futuras conversaciones con China, a quien corresponde una tercera parte del coste del proyecto. Además, como casi la mitad del gas británico viene de la Europa continental, contar con más energía nuclear doméstica fortalecería la posición británica antes de las negociaciones del acceso al mercado único.

Visto de esa forma, seguir adelante con Hinkley podría ofrecer un beneficio a corto plazo. Pero las desventajas a largo plazo y los costes financieros, al igual que los residuos nucleares, contaminarán el país durante décadas.

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