Análisis del mercado laboral

El empleo afloja víctima de la maduración del ciclo

El secretaro de Estado de Economía y Apoyo a la Empresa, Íñigo Fernández de Mesa
El secretaro de Estado de Economía y Apoyo a la Empresa, Íñigo Fernández de Mesa EFE

El empleo se normaliza. Ya no crece a tasas superiores al Producto Interior Bruto, como lo ha estado haciendo prácticamente desde que se inició la recuperación, lo que puede interpretarse como una normalización del ciclo y consolidación de la recuperación de la economía. Por vez primera desde que en el tercer trimestre de 2013 se inició la generación de empleo, la elasticidad de la variable respecto al PIB es inferior a uno, lo que supone que se está recomponiendo la productividad que en términos aparentes se ha estado contrayendo en los tres últimos años.

Es normal que la ocupación avance a valores superiores a los de la producción en los primeros trimestres de un ciclo alcista porque las empresas precisan contratar tras un periodo contractivo en el que han llevado las plantillas a estándares muy ajustados. Y es normal que lo haga también cuando el precio del factor trabajo ha descendido para los empleos de nueva creación, puesto que los márgenes de los empresarios son unitariamente superiores y pueden generar más horas de trabajo y por tanto más ocupados.

Pero hay más señales de normalización del mercado de trabajo. Aunque se nota cierto agotamiento en la generación de empleo industrial, que ha tenido un comportamiento muy dinámico en los últimos trimestres, el de los servicios, que ha absorbido prácticamente todo el avance el segundo trimestre de 2016, ha mejorado en su calidad. Pese a que dos de cada tres empleos generados han sido de carácter temporal, ha avanzado mucho la ocupación a tiempo completo. Este detalle solo puede explicarse por el hecho de que los empresarios están convirtiendo contratos a tiempo parcial por contratos a tiempo completo, dada la mejora de la situación de la demanda en la mayoría de los sectores de actividad, pero especialmente en las actividades de servicios.

Que el mercado de trabajo haya alcanzado la normalización no significa que vaya camino del estancamiento. Si lo hiciese, sería una mala noticia para España, puesto que el número de parados sigue anclado en 4,7 millones y la tasa de paro en el 20% (Llego a estar en el 26,6%). Queda mucho por recorrer para que la normalización económica llegue a generar la normalización social y laboral. Pero puede considerarse que se ha recorrido la mitad del camino.

En términos de ocupados, el mercado ha recuperado desde el punto más crítico del ciclo (primer trimestre de 2014) nada menos que 1,35 millones de puestos de trabajo, pero está aún a 2,4 millones de puestos de trabajo del máximo cíclico logrado en el tercer trimestre de 2007, con 20,75 millones de ocupados.

En términos de desempleo, se ha recorrido también al menos una tercera parte del camino. Hay 4.57 millones de parados, que es 1,7 millones menos que el máximo alcanzado en el primer trimestre de 2013, con 6,278 millones, y restan una notable cantidad hasta descender al umbral de los dos millones de desempleados que había cuando se desató la tormenta financiera de 2007.

Por tanto, hay que mantener como sea la tasa de crecimiento de la economía, así como las política de flexibilidad laboral y moderación de los salarios porque de ellos depende que se genere empleo, aunque sea una tasa coherente del 2% o ligeramente superior. Eso supone unos 400.000 empleos cada año, algo menos de lo que el Gobierno tiene calculado para la legislatura. Pero no es una cifra desdeñable, puesto que supone que en la esquina de 2020 estaría España con los 20 millones de ocupados que harían medianamente sostenido su estado de bienestar.

Las tasas de elasticidad actuales demuestran que se recompone la productividad, y esa es la primera señal para que se puedan recomponer los salarios, con suya evolución moderada se ha logrado recomponer el crecimiento tras la crisis. Pero es cierto que en muchas actividades se ha ido demasiado lejos en la jibarización de los costes laborales, con el único resultado de cebar los márgenes empresariales. Lo lógico es que inician una ligera remontada, pero que nunca lo hagan sin control, puesto que la inflación permite ganar poder de compra sin activar subidas nominales abultadas en los salarios.

Una prueba de que la economía sigue, al menos de momento, generando empleo de baja remuneración es el hecho de que la ocupación crece el doble en términos relativos entre los extanjeros que entre los españoles, como consecuencia de que el colectivo de extranjeros, con una tasa de paro del 27%, presiona más en el mercado y acepta salarios más modestos. 

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