Periodismo y comunicación

Así vivió Cebrián el secuestro de Oriol Urquijo

El presidente del grupo Prisa narra su experiencia durante el secuestro de Oriol Urquijo

Juan Luis Cebrián, presidente del Grupo Prisa, durante la clausura de un curso de verano sobre periodismo organizado por la Universidad Complutense
Juan Luis Cebrián, presidente del Grupo Prisa, durante la clausura de un curso de verano sobre periodismo organizado por la Universidad Complutense

 

El periodista y escritor Juan Luis Cebrián destacó ayer que la profesión periodística forma parte del sistema, porque convive “dentro y fuera de palacio”. Por un lado, “el periodismo forma parte del sistema institucional de la democracia representativa”; por otro, choca a menudo con el poder. La situación está cambiando por una doble crisis: la de los medios de comunicación tradicionales, que están siendo “barridos por las redes sociales”, y la crisis de representación política.

Con estas afirmaciones clausuró el viernes el presidente ejecutivo del Grupo PRISA, empresa editora de Cinco Días, el curso de verano Medios de comunicación, política y poder: la imagen de los líderes durante la transición española (1975-82), organizado por la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial (Madrid).

Para poner de relieve las conexiones contradictorias entre periodismo y poder, el exdirector y fundador de El País publicará el primer tomo de sus memorias sobre los años de la Transición, que abarcan hasta 1988, cuando dejó la dirección del rotativo. En el evento de clausura del curso, Cebrián leyó en primicia un fragmento de este libro. En el capítulo titulado Marieta, Marieta cuenta su experiencia como director y fundador de El País durante el secuestro de Antonio María de Oriol Urquijo, por entonces presidente del Consejo de Estado.

El periódico se vio muy implicado en el secuestro, que se produjo el 11 de diciembre de 1976 y fue reivindicado por los Grapo, ya que estos utilizaron la redacción para transmitir a la familia Oriol las condiciones del rescate, lo que se convirtió en un infierno no solo para el Gobierno sino para la propia redacción.

Al día siguiente del secuestro se puso en contacto con Cebrián el ministro de Información, Andrés Reguera Guajardo. Ante la demanda del ministro de que le hubiera puesto en situación antes sobre sus avances respecto a la investigación, Cebrián le contestó: “No sabía que los periodistas teníamos un ministro al que dar cuenta de nuestros actos”.

Una buena pista revelada por Cebrián al ministro generó una escalada de tensión entre la prensa y el poder político. El celo con el que la policía vigiló a partir de entonces la redacción de El País, ocupando un despacho, interviniendo los teléfonos y llegando a detener a dos redactores, sumió a los periodistas en un ambiente de amenazas en el que sentían “escudriñados e indefensos”.

La presión llegó a su punto álgido cuando un cuerpo de investigación de la guardia civil registró la casa de Juan Luis Cebrián sin orden judicial buscando al secuestrado. “Durante una hora, aquella manada de bestias arrasó materialmente mi casa”, comenta el periodista en sus memorias. Después de esta “violación” se anunció la liberación de Oriol Urquijo, pero el registro no llegó a ser oficialmente justificado. Estas y otras experiencias del escritor, académico y periodista serán reflejadas en su libro de memorias, que serán publicadas a finales de otoño.

“Te van a dejar su cadáver en el periódico”

El 11 de diciembre de 1976, Oriol Urquijo fue secuestrado por miembros del Grapo a cara descubierta y metido en un coche con un niño en brazos. Paró el vehículo al lado de un coche de policía, pero Oriol se quedó paralizado. “No fue mi vida la que quise proteger, sino la del niño que me colocaron en brazos”, comentó al ser liberado. Juan Luis Cebrián vivió muy de cerca todo el proceso, un momento de extrema tensión antes de las primeras elecciones democráticas, y que significó fuerte presión sobre el entonces director de El País. “Lo que os voy a decir no quiero que salga de aquí”, dijo Cebrián antes de confiar la pista recabada por miembros de su redacción al ministro de la Gobernación Martín Villa y al subsecretario de Interior, Jose Miguel Ortigo Ordás, a condición de que el único interlocutor fuera él: “No admito que sea interrogado ningún redactor del diario. Si se rompe esta regla no podremos seguir adelante”. Cebrián narró que el hoy articulista Pio Moa participó, de parte de la banda terrorista, en las comunicaciones entre el Grapo y El País, mediante llamadas y mensajes dejados en cabinas o retretes de cafeterías.
“Piensan que te van a arrojar el cadáver de Oriol a la puerta del periódico”, llegó a decirle a Cebrián su adjunto a la dirección, Martín Prieto.

Contra “la manipulación y la ignorancia”

Juan Luis Cebrián, director de El País entre 1976 y 1988, manifestó su rechazo al revisionismo de la Transición, que presenta esa etapa como una continuación del franquismo, y que calificó como “fruto de la manipulación o de la ignorancia”.
Cebrián atestiguó cómo del mismo modo que en España, han sucedido otras transiciones en Polonia, Chile, Checoslovaquia,o Sudáfrica. Incluso la situación actual de Colombia, con el proceso de paz con las FARC, es un tipo de transición diferente.
El periodista describió la Transición como “el final de la guerra civil, la reconciliación entre los hijos de los vencedores y los hijos de los vencidos”. Recordó que “después de la guerra hubo más desapariciones en España que en el conjunto de las juntas militares de Argentina, de Uruguay, de Chile. Hubo decenas de miles de desaparecidos que todavía hoy están enterrados en las cunetas.”Para este académico uno de los fracasos de este periodo es que no se hubiera dado una solución a esos enterramientos ilegales. El periodista recordó que en gran medida la Transición “la hicieron los franquistas aperturistas como Martín Villa o Suárez. Martín Villa se había distinguido como un gobernador bastante duro y represor en Barcelona.Pero es que Suárez era el ministro secretario general del partido fascista español (el Movimiento) meses antes de encargarse del poder, y el propio Rey había sido designado por Franco, él había jurado los principios del Movimiento Nacional. En gran medida la Transición tuvo que hacerse mediante un retorcimiento legal. Había un gran debate sobre si iba a ser una ruptura o una reforma”. El olvido que se está generalizando sobre esta etapa de la historia reciente es que “no hubo un consenso solo, hubo una reconciliación y un deseo fundamental de todos los partidos políticos de construir un régimen democrático. Hubo muchas cosas que se hicieron mal, pero también se hizo lo que se pudo.”
Por ello, Juan Luis Cebrián consideró que contar la Transición como una historia de buenos y malos supone una falta de rigor intelectual.

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