Sector financiero

Roma lucha por evitar un rescate como el de España

El primer ministro italiano, Matteo Renzi.
El primer ministro italiano, Matteo Renzi. EFE

Tras el shock del brexit, la posible caída del primer ministro italiano, Matteo Renzi, se ha convertido en el mayor riesgo político de Europa. Y el florentino es consciente de que su supervivencia política depende en gran medida del acuerdo que alcance con Bruselas para solventar el grave problema de la banca italiana. La cuenta atrás ha empezado y la reunión de ministros de Economía de la zona euro de la próxima semana (11 de julio) redoblará la presión sobre Italia para que zanje el descomunal problema de una banca que acumula casi cuatro billones de activos y más de 337.000 millones de euros en préstamos morosos.

Roma lucha con denuedo para evitar un rescate a la española, que impondría grandes pérdidas a los inversores más desprotegidos, entre los que figuran millones de ciudadanos de a pie con títulos equivalentes a las tristemente famosas preferentes de la banca española. En el caso italiano, ese castigo podría suponer el fin del mandato de Renzi, que en octubre se juega el cargo en un referéndum sobre la reforma de la Constitución para suprimir el Senado.

El año pasado, la crisis de cuatro pequeñas entidades (con menos del 1% de cuota de mercado en total) ya supuso una pérdida de 800 millones de euros para los inversores, la mayoría pequeños, con deuda subordinada. El escándalo político obligó a Renzi crear un fondo de solidaridad, dotado con 100 millones de euros, y un mecanismo de arbitraje para aliviar las quejas de ahorradores que se sentían engañados por la banca.

Pero ese batacazo es solo un aperitivo comparado con el cataclismo que podría suponer un rescate a rajatabla de la banca en un país donde los hogares poseen bonos del sector por valor de 200.000 millones de euros (un tercio del total), incluidos unos 31.000 millones de euros en deuda subordinada, según los datos de la Comisión Europea.

Desde la entrada en vigor, el pasado 1 de enero, de la directiva europea sobre resolución bancaria, los bonos y los depósitos por encima de 100.000 euros pueden sufrir pérdidas en caso de rescate, para mitigar el impacto de las crisis bancarias en las arcas del Estado.
La situación de Renzi parece tan desesperada que, según el diario Financial Times, el Gobierno italiano sopesa saltarse las normas europeas y llevar a cabo un rescate con dinero público sin dar explicaciones a Bruselas.

A favor de Italia juega el hecho de que es uno de los países que no tuvo que socorrer con fondos públicos al sector bancario durante fase más aguda de la crisis financiera iniciada en 2008. Pero la solución unilateral en estos momentos pondría en duda la frágil unión bancaria y podría provocar las iras del Gobierno alemán, que se resiste a seguir avanzando en la integración del sector por miedo a las potenciales pérdidas en países como Italia.

El pasado mes de febrero, Renzi logró el permiso a regañadientes de la comisaria Europea de Competencia, Margrethe Vestager, para intentar solucionar el problema desde Roma sin pasar por las horcas caudinas de las normas sobre ayudas de Estado ni del fondo de rescate de la zona euro (MEDE). Pero la fórmula ideada, que pasaba por un aval público para titulización de los préstamos dudosos, ya no parece suficiente y el Gobierno de Renzi está de nuevo contra las cuerdas. Y esta vez no debe pelear solo con Bruselas sino también con Berlín.

Una burbuja de crédito a empresas

La crisis de la banca italiana excede la dimensión inmobiliaria que contribuyó al rescate completo de Irlanda y al rescate bancario de España. En el caso de Italia, gran parte del problema se concentra en el crédito a las empresas. Unas compañías que han sufrido el azote de la crisis y que en muchos casos han quebrado y no han podido devolver los préstamos bancarios. El círculo vicioso de crisis y morosidad ha disparado los préstamos y ha colocado a algunas entidades financieras italianas ante una situación difícilmente sostenible.

El volumen de créditos dudosos a empresas, según al Comisión Europea, ascendía a 159.000 millones de euros en diciembre de 2015, cinco veces más que al comienzo de la crisis en 2008. El ratio de préstamos dudosos o fallidos en el crédito empresarial se eleva al 28,6%, diez puntos por encima de la ya elevadísima media nacional.

En el crédito al consumo también se ha multiplicado por cuatro el volumen de dudosos y fallidos, hasta 37.000 millones de euros a finales del año pasado. Pero la cifra total es más manejable y el ratio de fallidos se mantiene en el 10,4%.

La Comisión Europea, en el marco del procedimiento por desequilibrios macroeconómicos excesivos, reclama a Italia que agilice los procedimientos de insolvencia para potenciar la gestión de los impagos y acelerar la “digestión” por parte de los bancos de la morosidad. Bruselas mantiene a Italia en el penúltimo escalón de ese procedimiento, a solo un paso de la exigencia de medidas efectivas o de posibles sanciones. Otra vía de presión sobre Renzi si se rebela.

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