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Nueva apuesta de Nestlé por la salud

El nuevo consejero delegado del gigante suizo de los bienes de consumo ha pasado la última década dirigiendo la compañía médica alemana Fresenius.

Logotipo de Nestlé.
Logotipo de Nestlé.

El KitKat que trata el síndrome del colon irritable suena como un sueño para los fabricantes de productos de confitería en su necesidad de aceptación social. La contratación por parte de Nestlé de un ejecutivo del sector sanitario como su primer consejero delegado externo en casi un siglo parece una aprobación en esa dirección.

Ulf Mark Schneider, exjefe de la alemana Fresenius, está listo para asumir el control en el gigante suizo de los bienes de consumo a partir de 2017. Llega con unas sólidas credenciales desde el punto de vista del inversor. Fresenius, que fabrica equipos y medicamentos para pacientes con problemas renales, ha ofrecido una tasa anual del 23% a sus accionistas a través de dividendos y un mayor precio de la acción durante los últimos cinco años. Nestlé ha logrado un 10%. Aunque es poco probable que el grupo suizo cambie su enfoque por los medicamentos –al menos el 80% de su beneficio de explotación proviene de los bienes de consumo– los antecedentes científicos de Schneider encajan con el enfoque en lo que Nestlé llama ciencias de la salud, básicamente, productos para que las personas estén más sanas.

El grupo suizo no girará hacia la medicina, pero los antecedentes científicos de Schneider encajan con su enfoque

Suena atractivo para una empresa que fabrica golosinas azucaradas, aunque las empresas farmacéuticas podrían tener que aprender más de las de bienes de consumo. Años de gasto indisciplinado son incompatibles con los regímenes de precios cada vez más difíciles en el mundo sanitario, en particular en Estados Unidos, y el ascenso de los productores de medicamentos genéricos. GlaxoSmithKline es una compañía farmacéutica que ha contratado libremente de los fabricantes de bienes de consumo. Empresas como Nestlé, Anheuser-Busch InBev y Reckitt Benckiser están acostumbradas a tener que sacar provecho de clientes sensibles al precio.

En primer lugar, entre los cambios lógicos que Schneider debería llevar a cabo estaría el de olvidarse del objetivo de Nestlé –no alcanzado durante los últimos tres años– de incrementar los ingresos entre un 5% y un 6% al año. Schneider tiene el inconveniente añadido de que viene de una compañía cuyo tamaño equivale solo a una cuarta parte del tamaño de Nestlé. Ojalá hubiera una pastilla –o chocolatina– del buen gobierno.