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España: una bomba demográfica

Aunque la actividad económica española ha repuntado, la población del país envejece más rápido que la media de la Unión Europea.

Pensionista sentado en un banco.
Pensionista sentado en un banco.

Puede que España tenga una de las economías que más rápido crece en la Unión Europea, pero sus datos demográficos son una bomba de relojería. Hacen falta consenso y planificación a largo plazo para hacer frente a la carga que esto supondrá para el sistema de bienestar y las perspectivas de crecimiento. Hay pocas posibilidades dado que el estancamiento político está obligando a repetir las elecciones nacionales por primera vez en la historia moderna.

Aunque menos de una quinta parte de los españoles tenían 65 años o más en el año 2015, en 2050, este grupo representará un tercio de la población, una de las proporciones más altas de la región, según la oficina de estadísticas de la Unión Europea. La tasa de fecundidad es una de las más bajas de Europa, en 1,32 nacimientos por mujer. La generación española del baby boom nació más tarde que en otros países, y la esperanza de vida es alta, situada en 86,1 años para las mujeres españolas –más que en otros países de la UE–. La emigración neta empeora las cosas. La población se ha ido reduciendo desde 2012 y en 2029 perderá aproximadamente un millón de personas, o el 2,2% del total, predice el Instituto Nacional de Estadística.

Menos trabajadores terminarán ejerciendo como soporte a un número creciente de españoles mayores

Menos trabajadores terminarán ejerciendo como soporte a un número creciente de españoles mayores. La llamada ratio de dependencia de la vejez, que mide la proporción entre quienes tienen 65 años o más con respecto a las personas de entre 16 y 64 años será más del doble en 2050, hasta el 62,3%. Solo Portugal y Grecia tienen una ratio más elevada.

Por supuesto, las proyecciones a largo plazo están lejos de ser perfectas. Pero ilustran los riesgos. Los economistas de Bank of America Merrill Lynch calculan que el potencial de crecimiento a largo plazo de España, en el mejor de los casos coincide con el de Italia, que por lo general los inversores ven como un estado más lento y menos favorable a las reformas. Las medidas para impulsar el crecimiento, atraer a los emigrantes y reformar el sistema de pensiones podrían ayudar a España. Pero todo apunta a que tardarán en adoptarse dado que los políticos ni siquiera pudieron ponerse de acuerdo para formar un gobierno de coalición, como para hablar de lo que deberían hacer.