Automoción

Compras y alianzas, armas para dominar el transporte del futuro

Adquisiciones e inversiones para liderar el transporte Ampliar foto

Car2Go entró en Madrid en medio de la tormenta perfecta”, cuenta Enrique Dans, profesor del IE Business School. Una legislación beneficiosa para el coche eléctrico pero poco explotada (aparcamiento gratuito y posibilidad de entrada en barrios de prioridad peatonal) y un ayuntamiento recién llegado en plena lucha contra los atascos y los picos de contaminación en Madrid. Era una iniciativa idónea y por eso “se ha adoptado con una naturalidad ejemplar”, dice. Los 500 vehículos eléctricos atraviesan la capital española diariamente y se hacen pocos para los usuarios que los reclaman.

Lo que no se recuerda a veces es que esta ágil compañía basada en las nuevas tecnologías (el coche se localiza y se abre desde el móvil) pertenece a un gigante de la automoción, la alemana Daimler, que también es dueña de la aplicación para solicitar taxi MyTaxi y Moovel, que ayuda al usuario a combinar los distintos transportes, públicos o privados, para agilizar su desplazamiento por la ciudad.

Esta apuesta disruptiva de Daimler, “invirtiendo y alojando en su seno empresas que ponen en duda su negocio tradicional, que es vender coches”, como señala Dans, no es exclusiva de la multinacional automovilística. Ni siquiera es exclusiva de los fabricantes de coches. Los titanes tecnológicos estadounidenses (Google, Apple o Microsoft) y asiáticos (como Alibaba, Tencent o Baidu) tampoco se quedan impasibles ante un hecho a la vista imparable y que ya expuso el presidente de General Motors, Dan Ammann, el pasado año cuando su empresa decidió invertir 500 millones en Lyft, rival de Uber, en EE UU: “La industria automotriz cambiará más en los próximos cinco años que en los últimos 50 y obviamente queremos estar seguros de estar a la vanguardia de ese cambio”. Ellos y todos.

Solo en una semana se han hecho públicas dos inversiones de automovilísticas muy estratégicas. Primero, Volkswagen invirtió 300 millones de dólares en Gett (antes GetTaxi), un proveedor global de servicios de transporte. Según dijo la compañía, su objetivo “es generar una importante cuota de facturación mediante estos nuevos modelos de negocio en 2025”, y por ello, añadió, “estamos interesados en nuevas colaboraciones e inversiones estratégicas”.

Después, Toyota y Uber anunciaron el miércoles una alianza estratégica, por la que la japonesa ha invertido una cantidad no comunicada en la empresa de transporte bajo demanda. El fabricante de coches japonés dijo que ofrecerá contratos ventajosos de leasing a los conductores usuarios de esta aplicación, que sirve entre otras cosas para comunicar a conductores y usuarios para compartir trayectos comunes y que mantiene un duro pulso con el sector del taxi en muchos países donde opera.

“Los seguros no asumirán el riesgo de la conducción humana”

El negocio del transporte colectivo, urbano o de mercancías, público o privado, no va ser ajeno a la irrupción de la tecnología. El sector también atraviesa un momento en el que es posible que su modelo desaparezca tal y como se conoce, hasta el punto de que “no va a ser posible vivir de conducir”, dice Dans.

“El coche autónomo va a ser una realidad en 2020 pero en las flotas, su entrada va a ser mucho más rápida”, afirma Dans. Por un lado, “los vehículos autopilotados no van a llevar ni volante ni pedales para que el humano no intervenga, por razones de seguridad”, detalla. De hecho, “las compañías de seguros no van a asumir el riesgo de una conducción humana. Pasaremos a un entorno en el que conducir tu propio coche sea exageradamente caro o directamente, ilegal”, dice.

Movimientos de las tecnológicas

Del lado de las tecnológicas, tampoco han faltado los movimientos para prepararse ante un futuro donde las nuevas generaciones están más dispuestas a compartir un coche que a tenerlo en propiedad. Hace dos semanas, Apple comunicaba su inversión en Didi, el Uber chino. Una empresa que, a su vez, tiene un acuerdo y ha invertido en Lyft, otra empresa de car-sharing, para hacer un frente común y frenar el avance del líder mundial, Uber, en la que tienen inversiones Google, Microsoft o la china Baidu.

También Rakuten, el Amazon japonés, lideró una ronda de financiación de más de 100 millones de euros para hacerse con un tercio de Cabify, el rival hispano de Uber. Y el fenómeno de car-sharing se muestra imparable en todo el mundo. En India ha surgido Ola y Grab Taxi en el sudeste de Asia; ambos son socios internacionales de Lyft.

La madeja de inversiones, compras y alianzas se complica, como se ve en el gráfico adjunto, entre automovilísticas y tecnológicas, ávidas de sacar el monedero para posicionarse en una industria en erupción en todo el mundo.

La irrupción de las nuevas tecnologías y la economía colaborativa pone en duda los principios fundamentales del negocio automovilístico. ¿Y si se destierra el petróleo de los motores y el vehículo privado del centro de las ciudades? ¿Y si son los coches los que hablan entre sí? ¿Y si los conductores ya no quieren tener un coche en propiedad? O peor aún, ¿y si ya no quieren conducir? ¿O si esta actividad se vuelve extremadamente cara (por las pólizas de seguro) o incluso ilegal porque la conducción autónoma se demuestra más segura?

Cuatro paradigmas

Este cambio de modelo totalmente disruptor está protagonizado por dos agentes: las automovilísticas, que ven cómo el mundo se tambalea a sus pies, y las empresas tecnológicas, ávidas de introducir su conocimiento y aplicaciones en todos los sectores. Ambas están condenadas a colaborar pero también dispuestas a competir ante los cuatro paradigmas que definirán la movilidad del futuro: la conectividad, la movilidad más limpia y sostenible, el coche compartido y la conducción autónoma, el último escalón que viene a cambiar todo el ecosistema.

Tal es la transformación que las automovilísticas han comenzado por el nombre. Han empezado a denominarse “proveedores de movilidad”, como definió Carlos Tavares, presidente del grupo PSA, a la nueva enseña que agrupa las marcas de coches Peugeot, Citroën y DS. PSA tendrá en 2021 una línea de negocio exclusiva dedicada al coche compartido, con la inversión en Koolicar, la gestión de flotas y de datos de usuarios. Además, tiene previsto lanzar cuatro nuevos modelos 100% eléctricos al mercado hasta 2021, aunque el primero de estos vehículos se comercializará desde 2019.

La investigación es parte de la estrategia de Ford, que puso en marcha a principios de 2015 su plan de Movilidad Inteligente (Smart Mobility). En él, desarrolla 25 proyectos de innovación en los cuatro pilares ya mencionados. Un año después, la automovilística anunció en enero que triplica su flota de vehículos de pruebas Ford Fusion Híbridos totalmente autónomos. Este año, Ford añadirá 20 vehículos autónomos Fusion Híbridos, haciendo que la flota autónoma de Ford alcance los 30 vehículos, que realizarán pruebas en carreteras de California, Arizona y Michigan a lo largo de este año.

Centros de innovación

Audi, por su parte, anunció en su última presentación de resultados que invertirá 3.000 millones de euros en conectividad y coche eléctrico. Su matriz, Volkswagen, también se definió en el último Salón Internacional del Motor de Ginebra como un proveedor de movilidad de cara a 2025. La compañía, que ha contratado a un exejecutivo de Apple, Johann Jungwirth, como responsable de digitalización, abrirá tres centros de innovación, digitalización y diseño en Postdam, China y California.

Por el lado de las tecnológicas, Google avanza imparable en su coche autónomo, del que ya han realizado numerosas pruebas en carreteras estadounidenses. La compañía de Mountain View anunció hace unos días que quiere contratar gente para que pruebe su coche sin conductor. En mayo, Google firmó un acuerdo con Fiat Chrysler para construir el modelo Pacifica equipado con su tecnología y sistemas de conducción autónoma. Una alianza entre fabricante de automóviles y tecnológica que promete.

Por su parte, Apple no ha confirmado oficialmente que esté trabajando en el coche autónomo, pero toda la industria lo da por hecho. La compañía de la manzana lleva dos años trabajando en la tecnología de vehículos eléctricos y autónomos y habría formado un equipo de 1.000 empleados con personal interno y externo, según revelan fuentes conocedoras a The Wall Street Journal. El propio Tim Cook, presidente de Apple, ha reconocido que esta industria está al borde de un “cambio masivo” en el que el software y la conducción autónoma jugarán un papel cada vez más relevante.